
El Papa concede gracia especial para los fieles que celebren el centenario con confesión, comunión y oración por sus intenciones.
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Sábado, 17 de octubre
León XIV ha concedido la indulgencia plenaria con motivo de la centésima edición de la Jornada Mundial de las Misiones, celebrada este domingo 18 de octubre bajo el lema "Uno en Cristo, unidos en la misión". La gracia, otorgada a través de la Penitenciaría Apostólica, puede obtenerse cumpliendo los requisitos sacramentales habituales: recibir el sacramento de la confesión, comulgar y rezar por las intenciones del Papa.
La jornada fue instituida por Pío XI en 1926 y, en su edición del centenario, los fieles están convocados a rezar el Rosario junto al Pontífice por la extensión del Evangelio en el mundo. En el Ángelus de este domingo, León XIV animó a los presentes a recordar los cien años de historia misionera acumulada y pidió orar para que la Iglesia sea siempre fiel al mandato del Señor Resucitado de proclamar el Evangelio a toda criatura, según el pasaje de Marcos 16,15.
El mensaje pontificio para esta jornada, publicado el pasado 25 de enero, sitúa en el centro de la reflexión el misterio de la unión con Cristo. León XIV parte de las palabras de Jesús antes de su Pasión —"Que todos sean uno" (Jn 17,21)— para identificar en ellas tanto el deseo más hondo del Señor como la identidad misma de la Iglesia: una comunión que brota de la Trinidad, que vive de ella y que se pone al servicio de la fraternidad entre todos los seres humanos y de la armonía con toda la creación.
El Papa subraya que ser cristiano no consiste principalmente en un conjunto de prácticas o ideas, sino en una vida de unión con Cristo, mediante la cual el creyente participa de la relación filial que el Hijo vive con el Padre en el Espíritu Santo. Desde esa base, señala que la responsabilidad primera de la Iglesia en misión radica en renovar los vínculos de unidad espiritual y fraterna entre quienes la componen.
El Pontífice constata que en muchos contextos actuales proliferan los conflictos, las polarizaciones y la desconfianza mutua, y advierte de que, cuando estas dinámicas se instalan en las comunidades eclesiales, el testimonio de la Iglesia se resiente. Por ello recuerda que la misión encomendada por Cristo exige ante todo corazones reconciliados y dispuestos a la comunión.
Ningún bautizado queda al margen de esta responsabilidad, afirma León XIV: todos, cada uno conforme a su vocación y circunstancias personales, toman parte en la gran obra que Cristo confía a su Iglesia. El Papa recoge en este punto la enseñanza reiterada por Francisco de que el anuncio del Evangelio es siempre una acción coral, comunitaria y sinodal.
Por ello, León XIV convoca a todos los fieles a sumarse a quienes trabajan en las misiones mediante el testimonio de vida, la oración y la contribución material, contribuyendo así, cada uno según sus dones, a lo que el Papa describe como "la gran misión evangelizadora, que es siempre obra del amor".
El mensaje concluye con una invocación para que todos los miembros de la Iglesia permanezcan unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo y valientes en el anuncio del Evangelio. Esta convocatoria supone reconocer que la misión no es prerrogativa de un grupo de especialistas, sino responsabilidad compartida por la comunidad entera de los bautizados, cada uno en su contexto y según su estado de vida.
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