El cardenal Joan Josep Omella, arzobispo de Barcelona, presidió este Martes Santo la Misa Crismal en la Catedral, en una celebración que reúne a toda la diócesis en torno al obispo y en la que los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales.
En su homilía, el cardenal centró su mensaje en la misión de la Iglesia, la importancia de la comunión y la necesidad de vivir la fe con esperanza en un mundo marcado por dificultades y desafíos.
Omella recordó el inicio del ministerio público de Jesús en la sinagoga de Nazaret, cuando proclamó que en Él se cumplía la Escritura anunciada por el profeta Isaías.
A partir de este pasaje, subrayó que la misión de la Iglesia continúa siendo la misma: llevar la Buena Nueva a los pobres, anunciar la libertad a los oprimidos y ofrecer esperanza a quienes más lo necesitan.
“El Señor nos envía a llevar la Buena Nueva a los pobres y a proclamar el año de gracia”.
El arzobispo de Barcelona destacó que toda la vida de Jesús estuvo marcada por la misericordia, incluso en los momentos más difíciles, como en la cruz.
“Misericordia: esa es la palabra que recorre toda la vida de Jesús”.
En este sentido, recordó el testimonio de los mártires, que vivieron la fe hasta el extremo, perdonando incluso a sus perseguidores.
Durante la celebración se bendijeron los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, y se consagró el santo crisma. Omella explicó que estos signos acompañan toda la vida del cristiano.
“Con estos óleos, el pueblo de Dios es fortalecido para seguir a Cristo en todas las circunstancias”.
Subrayó que, a través de ellos, la Iglesia presenta al Señor tanto las alegrías como los sufrimientos de los fieles.
El cardenal puso el acento en la importancia de la unidad dentro de la Iglesia, señalando que la comunión no es fruto de afinidades humanas, sino un don de Dios.
“La Iglesia no es un club: la comunión es un don que debemos acoger y cuidar”.
En este sentido, invitó a vivir como hermanos, superando divisiones y fortaleciendo la vida comunitaria.
Omella tuvo palabras de agradecimiento para los sacerdotes, especialmente para aquellos que celebran aniversarios de ordenación, reconociendo su entrega generosa al servicio del pueblo de Dios.
“Gracias por vuestro sí y por vuestra entrega cotidiana”.
También destacó el papel de los diáconos, cuyo ministerio recuerda a toda la Iglesia la importancia de la caridad y la cercanía a los más pobres y vulnerables.
El arzobispo advirtió contra la tentación de medir el ministerio por el éxito visible, insistiendo en que lo esencial es la fidelidad a la misión recibida.
“No se nos pedirá por nuestros éxitos, sino por nuestra fidelidad y docilidad a la voluntad de Dios”.
Animó a mantener siempre la mirada fija en Cristo y a vivir con humildad la vocación recibida.
En la parte final de su homilía, el Cardenal Omella afirmó que ser cristiano hoy implica aprender a resistir con fe y a cultivar la esperanza en medio de las dificultades.
“Ser cristiano hoy es aprend
