El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha intensificado el tono del Gobierno de Donald Trump contra los medios de comunicación, a los que ha acusado de actuar con “corazones endurecidos” y de comportarse como los «fariseos» del Evangelio.
Durante una intervención este jueves, Hegseth criticó duramente a lo que calificó como “prensa tradicional que odia” al presidente, asegurando que su “animosidad política” les impide reconocer los logros del Ejecutivo en el ámbito militar. “Su animosidad política hacia el presidente Trump casi los ciega por completo ante la brillantez de nuestros guerreros estadounidenses”, afirmó.
El secretario recurrió a una analogía bíblica inspirada en un pasaje del Evangelio de Marcos (capítulo 3), que, según explicó, había escuchado días antes en su iglesia. En su interpretación, comparó a los medios con los fariseos que “escudriñaban cada buena acción para encontrar una transgresión”, acusándolos de centrarse únicamente en lo negativo y de estar “calibrados para difamar”.
En ese contexto, Hegseth defendió la actuación del Gobierno en el conflicto internacional actual, destacando lo que describió como una “increíble victoria en el campo de batalla” y mencionando operaciones de rescate que calificó como “milagros”. Asimismo, hizo un llamamiento a los medios para que “abran los ojos a la bondad” y reconozcan, según él, el “coraje” del presidente en un momento clave para alcanzar un posible acuerdo que frene la amenaza nuclear iraní.
Estas declaraciones se enmarcan en un clima de creciente tensión política y mediática en Estados Unidos, agravado en las últimas semanas por el conflicto con Irán y por el enfrentamiento abierto entre la Administración Trump y el Vaticano.
De hecho, tanto el presidente como su vicepresidente, J.D. Vance, han criticado públicamente al Papa León XIV por su postura contraria a la guerra, llegando incluso desde Washington a sugerir que el Pontífice evite pronunciarse sobre cuestiones de política internacional. Un contexto en el que el uso de referencias religiosas en el discurso político estadounidense se ha vuelto cada vez más frecuente, alimentando un debate sobre los límites entre fe, poder y comunicación pública.
