El arzobispo de Oviedo: “El mundo necesita a Dios como bálsamo en sus heridas”

El arzobispo de Oviedo: “El mundo necesita a Dios como bálsamo en sus heridas”

El arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, presidió la Misa Crismal el 31 de marzo, en el contexto de la Semana Santa, con una homilía centrada en la vocación sacerdotal, la misión de la Iglesia y los desafíos del mundo actual.

En su intervención, el prelado subrayó la importancia de esta celebración, en la que se consagran los santos óleos y los sacerdotes renuevan sus promesas, recordando que de esta Eucaristía brotan los signos que acompañan toda la vida cristiana.

Los óleos, signo de la vida cristiana

El arzobispo explicó el sentido de los tres óleos bendecidos en esta celebración, comenzando por el de los catecúmenos, que marca la entrada en la vida cristiana tanto de niños como de adultos.

En este contexto, señaló el fenómeno de un renovado interés por la fe en la sociedad actual, destacando que, a pesar de la secularización, muchas personas, especialmente jóvenes, se abren hoy a la búsqueda de Cristo.

Un mundo herido que necesita esperanza

Al referirse al óleo de los enfermos, Mons. Sanz Montes puso el foco en las heridas del mundo contemporáneo, señalando realidades como las guerras, la crisis de la familia, la cultura de la mentira o los ataques a la vida.

En este sentido, afirmó que la misión de la Iglesia es llevar consuelo y esperanza:

“El mundo necesita ese óleo como bálsamo de Dios en nuestras heridas”.

El santo crisma y la identidad cristiana

Sobre el santo crisma, el arzobispo recordó que con él se ungen los bautizados, los confirmados y los ordenados, subrayando la dignidad del pueblo cristiano como “linaje elegido” y “pueblo de Dios”.

Asimismo, advirtió del riesgo de que la fe se debilite en sociedades secularizadas, llamando a redescubrir la identidad cristiana y a dar testimonio con alegría.

Renovar las promesas sacerdotales

Una parte central de la homilía estuvo dedicada a la renovación de las promesas sacerdotales, que el arzobispo presentó como un examen de conciencia a través de tres preguntas fundamentales.

En la primera, invitó a recordar la llamada recibida y a renovar el “sí” al Señor, incluso en medio de las dificultades, el cansancio o la incomprensión.

Configurarse con Cristo

Mons. Sanz Montes insistió en la necesidad de una unión profunda con Cristo como clave del ministerio sacerdotal.

Reconoció las dificultades del camino, pero también la alegría de los frutos pastorales y de la fraternidad sacerdotal, entendida como un espacio de comunión y apoyo mutuo.

Vivir el ministerio con fidelidad

En la tercera pregunta, el arzobispo recordó la identidad propia del sacerdote, subrayando que no es un activista ni un gestor social, sino un ministro de los misterios de Dios.

“El sacerdote está llamado a celebrar la Eucaristía, perdonar los pecados y anunciar la Palabra con fidelidad y entrega”.

La paternidad sacerdotal

Mons. Sanz Montes profundizó también en la dimensión de paternidad espiritual del sacerdote, destacando que esta se vive en la entrega, la cercanía y el acompañamiento del pueblo de Dios.

Señaló que el sacerdote está llamado a reflejar el amor del Padre, viviendo con autenticidad su vocación.

Acción de gracias y oración final

El arzobispo concluyó su homilía con una acción de gracias por la entrega de los sacerdotes en las distintas etapas de su vida y ministerio, reconociendo su fidelidad y sacrificio al servicio de la Iglesia y del pueblo fiel.

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