El régimen de Lukashenko ha denegado la prórroga de autorización a tres sacerdotes polacos, en un nuevo episodio de represión contra la libertad religiosa.
El gobierno de Bielorrusia ha rechazado la renovación de los permisos de residencia de tres sacerdotes polacos que ejercían su ministerio en el país. Uno de ellos llevaba más de tres décadas en territorio bielorruso, desde 1990. La medida refleja el endurecimiento de las restricciones sobre la actividad religiosa que caracteriza al régimen desde hace años.
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Con una población de aproximadamente 9,5 millones de habitantes, Bielorrusia es mayoritariamente cristiana: el 82% de sus ciudadanos profesa alguna religión. De ellos, el 63% pertenece a la Iglesia ortodoxa y el 17% a la católica. Desde 1994, el presidente Alexander Lukashenko mantiene un control autoritario que ha limitado sistemáticamente las libertades fundamentales, entre ellas la religiosa.
Organizaciones internacionales han documentado durante años la represión contra la Iglesia Católica en Bielorrusia y las restricciones impuestas a la actividad pastoral. La expulsión de estos tres sacerdotes polacos se inscribe en una pauta más amplia de hostigamiento que ha afectado a la comunidad católica del país en los últimos tiempos.
