La violencia contra la comunidad cristiana en Mozambique continúa en aumento.
Terroristas islamistas han incendiado una iglesia en Meza, en la provincia de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique. El ataque forma parte de la insurgencia que asola la región desde 2017 y que ha dejado un rastro de destrucción entre la población cristiana local.
Último boletín
Los números hablan por sí solos. Desde que comenzó la violencia hace casi una década, han sido destruidas al menos 117 iglesias y capillas en la Diócesis de Pemba. Solo en 2025, 23 de ellas fueron arrasadas. La escalada es evidente: cada año que pasa, los ataques contra templos católicos se multiplican, dejando a los fieles sin lugares de culto y profundizando el clima de inseguridad.
Los cristianos de Cabo Delgado viven en una situación cada vez más precaria. No se trata solo de la pérdida de edificios religiosos: los ataques ponen en riesgo directo la vida de los creyentes y desestabilizan toda la región. Familias enteras han tenido que huir de sus hogares. Pueblos enteros han quedado vacíos.
La comunidad internacional ha expresado su alarma ante esta escalada. Organismos de derechos humanos y gobiernos de distintos países han condenado los ataques, pero la violencia no cesa. Los expertos advierten de que sin una respuesta coordinada y decidida, la situación seguirá deteriorándose.
La Iglesia Católica en Mozambique pide protección para sus fieles y para las infraestructuras religiosas que quedan en pie. Obispos y sacerdotes de la región han hecho un llamamiento a la comunidad internacional para que no mire hacia otro lado mientras se perpetra una persecución sistemática contra los cristianos.
Mientras tanto, en Cabo Delgado, la incertidumbre sigue siendo la compañera de cada día. Los cristianos que permanecen en la zona viven bajo la amenaza constante de nuevos ataques, sin saber si sus iglesias seguirán en pie mañana.
