El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Florencio Roselló Avellanas, reflexiona sobre la Iglesia en Navarra, los jóvenes, la Semana Santa y los desafíos actuales.
En Iglesia Noticias hemos entrevistado en exclusiva al arzobispo de Pamplona y Tudela en un momento especialmente significativo para la vida de la Iglesia, en pleno contexto de la Semana Santa. En esta conversación, Roselló Avellanas aborda cuestiones clave como la relación con las instituciones civiles en Navarra, el papel de los jóvenes en la Iglesia, los retos actuales de la diócesis y el proceso de atención y reparación a las víctimas de abusos.
A lo largo de la entrevista, también reflexiona sobre su experiencia en la pastoral penitenciaria, que ha marcado su visión de una Iglesia abierta “donde todos tienen cabida”, y analiza signos de esperanza como la participación de miles de jóvenes en eventos recientes o el aumento de bautizos de adultos. Todo ello en un contexto de cambio, donde la Iglesia busca reforzar su presencia en la sociedad y seguir siendo una referencia espiritual y social.
Usted viene del ámbito de la pastoral penitenciaria, ¿cómo ha marcado esa experiencia su forma de entender la Iglesia?
Me ha marcado mucho. De hecho, tiene que ver con mi nombramiento como arzobispo de Pamplona y Tudela. El nuncio ya me indicó que el Papa Francisco busca perfiles que vengan de ese ámbito.
El haber estado tantos años en las cárceles me ha dado una visión muy amplia de la persona, una visión abierta donde caben todos. Creo que en la Iglesia todo el mundo tiene que tener su lugar, su sitio y su oportunidad. Esa experiencia me ha ayudado a entender la Iglesia como una casa de todos.
¿Percibe un distanciamiento entre las instituciones civiles y la Iglesia en Navarra en este momento?
A nivel de fe y de valores, es normal que haya diferencias en algunos temas. Pensamos distinto y eso forma parte del funcionamiento de una sociedad democrática y de las creencias de cada uno.
Sin embargo, en el plano institucional y personal, la relación es buena. Desde mi llegada he trabajado por establecer puentes y abrir canales de comunicación. Donde ha habido conflicto, he intentado poner diálogo; donde ha habido divergencia, también.
Siempre he defendido que la sociedad es una, y que cada uno, desde sus planteamientos ideológicos, confesionales y políticos, puede aportar lo mejor para el bien común. Por eso, aunque pueda haber discrepancias, la relación institucional y personal con las autoridades civiles en Navarra es buena.
¿La Iglesia está perdiendo su capacidad de conectar con los jóvenes o cree que aún hay margen de recuperación?
Es cierto que hoy los jóvenes tienen muchas ofertas de distinto tipo, y la fe es una más entre ellas. Quizás no es tanto que la Iglesia haya perdido capacidad de conexión, sino que ahora los jóvenes son más libres a la hora de decidir, y eso también es positivo.
Aun así, hay signos claros de que algo se está moviendo. Más de 1.000 jóvenes de Navarra participaron en el Jubileo de los Jóvenes en Roma con el Papa el verano pasado. En las Javieradas, el primer fin de semana participaron unas 5.000 personas y el segundo 15.000, en su mayoría jóvenes.
También vemos que este año habrá más de 40 bautizos de adultos —muchos de ellos jóvenes—, lo que indica que el mensaje no está agotado. Incluso en el ámbito cultural aparecen señales que invitan a la reflexión, como algunas canciones de Rosalía o películas como Los Domingos, que muestran que hay una inquietud de fondo. Todo ello apunta a que algo se está moviendo.
En Navarra se han impulsado medidas de reconocimiento e indemnización a víctimas de abusos, ¿qué queda todavía pendiente en este proceso?
Es un tema que nos ha ocupado y preocupado mucho. En Navarra lo hemos abordado de frente. De hecho, es la diócesis donde más denuncias se han presentado, aunque eso no significa necesariamente que sea donde más abusos haya habido, sino que también influyen otros factores, como la existencia de asociaciones muy activas o la propia legislación impulsada por el Gobierno de Navarra.
En este momento, lo que queda pendiente es la firma del protocolo entre la Iglesia y el Estado para poder avanzar en esa reparación a las víctimas.
Desde la diócesis siempre hemos querido poner a la víctima en el centro, atenderla y acompañarla como corresponde. Aun así, somos conscientes de que el camino es largo y que hay que recorrerlo con serenidad, responsabilidad y constancia, como se está haciendo en Navarra.
El papa Francisco impulsó en España la creación de seminarios interdiocesanos, ¿cree que este modelo acabará imponiéndose en Navarra?
Interdiocesano como tal todavía no lo es, pero en Navarra ya estamos dando pasos en esa dirección. De hecho, hay varias diócesis cercanas que ya están trayendo a sus seminaristas a Pamplona para su formación.
San Sebastián, por ejemplo, lleva entre 10 y 15 años enviando aquí a sus seminaristas. Este año también se ha incorporado Bilbao, que ha comenzado con cuatro seminaristas. Y en el caso de Logroño o La Rioja, cuando tengan seminaristas, previsiblemente también vendrán.
Por tanto, aunque todavía no existe formalmente un seminario interdiocesano, en la práctica ya estamos funcionando de manera muy similar. Si esta dinámica se normaliza y se consolida en el tiempo, es probable que termine configurándose como un seminario interdiocesano, aunque pueda adoptar otra denominación.
En una sociedad cada vez más alejada de la práctica religiosa, ¿iniciativas como el Jubileo pueden servir para reconectar con la gente o tienen un alcance limitado?
El Jubileo nos ha ayudado mucho a conectar con la gente. De hecho, hemos sido probablemente la diócesis que más celebraciones ha tenido, con un total de 52 actos jubilares.
Esto ha permitido que personas que no estaban especialmente cercanas a la Iglesia se hayan acercado, participando con sus grupos, gremios o asociaciones. Y lo más interesante es que algunos de ellos quieren continuar manteniendo este tipo de celebraciones más allá del propio Jubileo.
Por tanto, sí, creo que este tipo de iniciativas ayudan a reconectar con personas que antes estaban más alejadas de la Iglesia, y eso para nosotros es una bendición.
Detrás de la Semana Santa hay semanas de trabajo de cofradías, bandas y voluntarios, ¿qué valor le da a ese esfuerzo colectivo?
Lo valoro mucho. Cofradías, hermandades y asociaciones son una vía importante de acercamiento a la Iglesia.
Además, suponen mucho trabajo y dedicación gratuita. Muchas personas descubren la fe a través de estas experiencias. Por eso creo que hay que cuidar y acompañar a quienes están implicados en la Semana Santa. O sea que por mí, adelante, adelante.
Para alguien que vive estos días solo como vacaciones, ¿qué cree que se está perdiendo de la Semana Santa?
Para quien no tiene fe, probablemente no siente que se esté perdiendo nada.
Pero desde la fe se pierde mucho: la solidaridad que se vive entre cofradías y participantes, el mensaje del amor y todo el contenido que hay detrás de las procesiones, el arte y la tradición. Son oportunidades que pueden ayudar a descubrir algo más profundo.
Ahora mismo, ¿cuál diría que es el principal reto al que se enfrenta la diócesis de Pamplona y Tudela?
Diría que hay tres grandes retos. El primero es el vocacional: surgen vocaciones, pero no son suficientes para atender las necesidades.
El segundo es la presencia pública de la Iglesia. Es importante que esté presente en la sociedad, que no se la relegue únicamente al ámbito privado.
Y el tercero es el tema de los abusos. Ojalá podamos reparar a todas las víctimas, que se sientan bien atendidas y que estos hechos no se repitan.
Dentro de diez años, ¿cómo le gustaría que fuera la Iglesia en Navarra?
Me gustaría que fuese una Iglesia más reconocida y aceptada por la sociedad por lo que dice y por lo que hace. Una Iglesia que sume por el bien común.
Una Iglesia abierta a todos, comprometida socialmente. Por ejemplo, este año hemos abierto un piso para atender a mujeres víctimas de trata, dando respuesta a necesidades reales.
Y también me gustaría que pudiésemos atender a más pueblos, lo que significaría que hay más nuevas y santas vocaciones. Eso sería una gran noticia.
