El obispo de Trondheim (Noruega), Erik Varden, ha reflexionado sobre el significado profundo de la Octava de Pascua, subrayando que la resurrección de Cristo introduce la eternidad en el tiempo y transforma la manera en que los cristianos viven su fe.
En su meditación publicada en su columna habitual Words on the Word, el prelado propone una lectura espiritual del "octavo día", vinculándolo con la plenitud, la vida eterna y la victoria de Cristo sobre la muerte.
Varden explica que el simbolismo del octavo día apunta más allá del tiempo humano: "El octavo día nos recuerda que el tiempo, en el fondo, es algo provisional".
La Pascua introduce una nueva lógica en la historia, donde la eternidad ya no es solo una promesa futura, sino una realidad que comienza a experimentarse en el presente. "Si vivimos en Cristo, podemos saborear ya la eternidad".
El obispo plantea una pregunta directa a los cristianos sobre la coherencia de su existencia: "¿Nos alimentamos de aquello que nutre nuestra vocación cristiana o vivimos de 'comida basura' espiritual?"
Varden advierte sobre el consumo de contenidos en la sociedad actual e invita a discernir si lo que se recibe —especialmente a través de los medios— es verdaderamente "racional y sin engaño", como propone San Pedro.
Al comentar el Evangelio del apóstol Tomás, Varden destaca que la fe cristiana no es abstracta, sino concreta y encarnada: "Si Jesús está vivo, eso debe tener consecuencias reales y tangibles".
Cristo no rechaza la duda de Tomás, sino que le responde con misericordia, invitándole a tocar sus heridas y a creer. El obispo subraya esta actitud como modelo para los discípulos de hoy.
A partir de este pasaje evangélico, Varden define cómo se manifiesta la vida cristiana tras la resurrección: "La misericordia se muestra de forma herida, realista, pacífica y fiel".
El verdadero discípulo está llamado a reflejar estas actitudes en su vida cotidiana, especialmente en un contexto donde la fe puede ser instrumentalizada o desvirtuada.
