¿Puede la oración sanar? Una tesis recoge 605 casos

Una tesis doctoral publicada bajo el título «605 milagros cotidianos» muestra que la oración por los enfermos se produce con frecuencia en entornos ordinarios, a través de creyentes sin cargo eclesial, y genera experiencias de fe incluso entre agnósticos.

¿Puede la oración sanar? Una tesis recoge 605 casos
Una tesis sobre 605 casos muestra que la oración por enfermos surge en entornos cotidianos
Panorama Religioso · · Actualizada · 6 min de lectura

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Una tesis doctoral sobre 605 testimonios de sanación recopilados en Gales, publicada bajo el título «605 milagros cotidianos», concluye que la oración por los enfermos no pertenece en exclusiva a ministerios especializados ni a celebraciones litúrgicas, sino que aflora con frecuencia en entornos cotidianos y de la mano de personas sin cargo eclesial alguno. Su autora, Chloe Swart, líder de una iglesia evangélica y directora nacional de Alpha en el Reino Unido, partió de un proyecto que aspiraba a reunir entre ocho y diez casos, y terminó acumulando más de seiscientos relatos que, a su juicio, evidencian la vigencia de la oración de sanación en la vida cristiana ordinaria.

Los testimonios abarcan un espectro amplio de dolencias. Cuatro de cada diez personas que declararon haber sido sanadas habían padecido cáncer, enfermedades terminales u otras afecciones de gravedad comparable. El resto describió la desaparición o reducción de problemas como artritis incapacitante, ciática, epicondilitis o dolor en la espinilla. Lo que distingue los hallazgos de Swart es el escenario en que se produjeron esas oraciones: lugares de trabajo, domicilios particulares, gimnasios e incluso las inmediaciones de establecimientos comerciales, lejos de cualquier ceremonia religiosa formal.

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Quienes oraban no eran sacerdotes ni ministros de sanación reconocidos, sino creyentes corrientes que se ofrecían a rezar cuando alguien mencionaba una enfermedad o una lesión. Uno de los ejemplos que recoge el libro es el de una mujer llamada Holly, con apenas uno o dos años de vida cristiana, que oró por un hombre que se había lesionado un dedo al cerrarse la puerta de un coche mientras ambos se encontraban en un gimnasio. La situación atrajo a otras personas presentes, que pidieron a Holly que orase también por un dolor de espalda y una lesión de tobillo. Lo que había comenzado como un gesto espontáneo derivó en una pequeña cadena de peticiones de oración.

Testimonios de conversión

Swart dedica una parte significativa de su investigación a los casos en que la experiencia de sanación desencadenó un proceso de acercamiento a la fe cristiana en personas que no la profesaban. Uno de ellos es el de Diego, un hombre agnóstico residente en España que llevaba cuatro meses con un dolor persistente en la rodilla derecha. Tras recibir los resultados de una resonancia magnética que describía su lesión, acudió a una sesión de Alpha donde otros participantes oraron por él. Aunque nunca había rezado, le animaron a dirigirse a Dios con la misma naturalidad con que hablaría con un amigo. Según su propio relato, publicado por Alpha España en 2018, el dolor desapareció en el momento en que se puso de pie y no regresó. Diego declaró que la experiencia le dejó profundamente perturbado durante meses, y su camino hacia la fe incluyó posteriormente un curso de formación cristiana.

Otro testimonio es el de Adnaloy Estrada, venezolana residente en España, quien durante un curso de Alpha observó cómo los participantes oraban unos por otros y comprendió la oración como una relación personal con Dios. Con el tiempo comenzó a orar por otras personas. En un momento crítico, rezó una variante del rosario por un tío suyo que se encontraba al borde de la muerte. Según su testimonio, el estado del enfermo mejoró después de que se le retirase el soporte vital, y los médicos comunicaron finalmente a la familia que se había recuperado. Estrada describió lo ocurrido como un milagro por intercesión de la Virgen María.

Oraciones no dirigidas al beneficiado

El libro recoge también situaciones en las que la oración no iba dirigida expresamente a quien, según el relato, resultó beneficiado. En uno de estos casos, un joven había sido sometido a varias intervenciones quirúrgicas para extirpar un tumor que había crecido en el espacio dejado por la mala consolidación de una fractura de fémur. Antes de una nueva prueba de imagen, un miembro de su iglesia sintió el impulso de orar por su curación sin conocer su situación médica. Swart sostiene que el escáner realizado a continuación no detectó el tumor y mostró que el hueso había recuperado su alineación.

En otro relato, un hombre sufrió la fractura de varios huesos del pie al quedar atrapado bajo una máquina que cayó mientras colaboraba con unos amigos en el diseño de un jardín. El dolor era intenso y se avisó a los servicios de emergencia. Los hijos de la familia a la que prestaba ayuda oraron por él; según el testimonio, el dolor y la hinchazón cedieron y el pie se recuperó, por lo que la ambulancia fue cancelada.

Limitaciones metodológicas y reflexión crítica

Swart reconoce abiertamente las limitaciones metodológicas de su trabajo. La tesis se construyó sobre relatos personales y no siguió el protocolo de un ensayo clínico controlado; tampoco se exigió a los participantes que aportasen documentación médica, aunque algunos lo hicieron de forma voluntaria mediante escáneres u otros registros. El conjunto de los 605 casos no constituye, por tanto, una verificación clínica sistemática. La propia autora subraya que la similitud entre tantos testimonios le resultó sociológicamente significativa, precisamente porque su expectativa inicial era encontrar apenas una decena.

Los datos sobre el ritmo de las recuperaciones descritas añaden otro matiz relevante. Aproximadamente un tercio de los participantes refirió una mejoría inmediata; otro tercio señaló que el alivio llegó en torno a las dos semanas; y el resto habló de una curación progresiva tras oraciones repetidas. Swart sostiene que, cuando alguien experimenta solo una mejoría parcial, los creyentes pueden volver a ofrecer su oración, asumiendo que el resultado no está en su mano garantizarlo.

Esa incertidumbre es, según la autora, parte esencial del mensaje que quiere transmitir. Swart no afirma que toda persona por quien se ore vaya a recuperarse, ni que sea necesario poseer un carisma especial para orar por los enfermos. Establece un paralelismo con la evangelización: del mismo modo que hay personas con dones particulares para anunciar la fe, eso no convierte el testimonio cristiano en una tarea reservada a unos pocos. Su propuesta práctica es sencilla: preguntar si alguien desearía recibir una oración, rezar en el nombre de Jesús con palabras simples, preguntar después cómo se encuentra el interlocutor y, si no hay mejoría, ofrecerse a orar de nuevo sin pretender controlar el desenlace. La responsabilidad del resultado, insiste, corresponde a Dios.

Este planteamiento está presente también en los cursos Alpha que se desarrollan en España, donde una de las sesiones dedicadas a la oración abre la posibilidad de que los participantes pidan oración por dolencias físicas. La experiencia puede suscitar una reflexión sobre la fe con independencia de que se produzca o no una recuperación corporal. Para Swart, el propósito de «605 Milagros Cotidianos» es alentar a los creyentes a superar el temor de no estar suficientemente preparados para orar por otra persona, mostrando que esta práctica surge habitualmente en relaciones ordinarias y no en un escenario o un acto de culto. Al mismo tiempo, una comprensión responsable de la sanación cristiana exige preservar una distinción importante: la oración puede acompañar el sufrimiento, la esperanza y el tratamiento médico, pero no debe emplearse para desalentar la atención profesional ni para responsabilizar a los enfermos de su falta de recuperación.

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