
Hay algo que no encaja con la versión que parecía ser oficial. Dios ha Muerto, dijo Nietzsche. En la sociedad nos repiten que Dios no tiene que estar en la vida publica. Que es algo a esconder… que hay que arrinconarlo. Sin embargo, la realidad parece que es otra… y se empeña en desmentir esa idea de que la Fe es cosa del pasado.
En los últimos tiempos se puede apreciar un resurgir religioso entre los adultos de una sociedad cada vez más secularizada, que no consigue hacer olvidar a Dios de las conciencias. Es como que hay brasas bajo las cenizas.
En esta pascua de 2026, más de 14.000 personas se han acercado a la Iglesia Católica. En Francia parece que el dato es de cerca de 21.300. lo curioso del tema es que resulta que muchos de ellos son adultos o adolescentes. Suelen ser jóvenes de entre 20 y 30 años.
¿Qué está pasando? El vacío no se puede maquillar ¿no? Que la vida sin sentido no tiene ya mas recorrido… Las preguntas importantes no desaparecen porque dejemos de hacérnoslas. Parece que la sociedad actual tiene ganas de Dios. Tiene ansias de eternidad. Hay preguntas sin respuestas… Pero no.
Entonces ocurre: Descubrimos que Dios no es un ente impersonal. Cristo nos llama por nuestro nombre. Nos interpela para que le sigamos. Está vivo y nos espera, nos llama, nos exige…
Los hay que se empeñan en repetir que Dios molesta. Que la cruz es un símbolo de represión que nos hunde y aplasta la felicidad del ser humano. Los datos de conversión no indican que ese sea el sentir de los que se acercan a Cristo. Podrán echar a Dios del espacio público pero no del corazón humano.
La cuestión no es si Dios encaja en nuestro tiempo, sino si estamos dispuestos a dejar que Cristo, vivo y cercano, deje de ser una idea lejana para convertirse en alguien realmente conocido y seguirle.
Me parece que lo que vemos ahora no es una moda, es un síntoma de la sociedad en la que estamos. Dios no ha muerto ni ha desaparecido. Estaba… y sigue esperando.
