Un estudio reciente plantea que la conciencia podría persistir durante un tiempo considerable tras la muerte clínica, lo que podría modificar los protocolos médicos sobre la reanimación y la extracción de órganos.
En la conferencia anual de la American Association for the Advancement of Science (AAAS) celebrada en Phoenix, la investigadora Anna Fowler presentó datos que cuestionan la idea tradicional de la muerte como un evento inmediato. Según Fowler, las funciones biológicas y neuronales no se detienen de forma súbita, sino que disminuyen gradualmente durante minutos o incluso horas.
La científica explicó que “la muerte se manifiesta como un proceso en el que la conciencia, la biología y el significado persisten más tiempo de lo que se había pensado”. Añadió que “la conciencia puede mantenerse brevemente después de que la actividad cerebral sea indetectable y que la muerte, lejos de ser absoluta, es una condición susceptible de revisión”.
Fowler subrayó que “la conciencia no desaparece en el instante en que el cerebro deja de funcionar y las células no mueren inmediatamente tras la parada cardíaca. Este estudio propone que la muerte es el inicio de una transformación que requiere un enfoque más humilde y claro desde la medicina, la filosofía y la ética”.
Estos hallazgos podrían tener un impacto significativo en la manera en que se llevan a cabo las maniobras de reanimación y el momento en que se permite la extracción de órganos para trasplantes, ya que actualmente se considera que la muerte es irreversible en un punto muy temprano.
Fowler señaló que “los órganos deben ser extraídos rápidamente tras la declaración de muerte para salvar otras vidas, pero investigaciones han demostrado que hasta 90 minutos después de esta declaración, todavía se detectan impulsos neuronales en el cerebro”.
La investigadora concluyó que “comprender con precisión el momento biológico de la muerte es fundamental para tomar decisiones con rigor científico y claridad ética”.
En 2023, el doctor Sam Parnia, director de investigación en cuidados críticos y reanimación en la NYU Langone School of Medicine de Nueva York, presentó resultados similares. Parnia afirmó que el cerebro puede mostrar actividad eléctrica normal hasta una hora después de la reanimación, desmintiendo la creencia común de que muere tras cinco o diez minutos sin oxígeno.
El doctor destacó que “el cerebro es mucho más resistente de lo que se pensaba” y que, en muchos casos, el último sonido que escuchan los pacientes moribundos en hospitales es la declaración médica de su fallecimiento.
Estas revelaciones han generado críticas en el ámbito político y sanitario. El secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., denunció en julio que “los hospitales permiten que el proceso de extracción de órganos comience cuando los pacientes aún muestran signos de vida, lo cual es aterrador”. Añadió que las organizaciones encargadas de coordinar los trasplantes deben rendir cuentas y que es necesario reformar el sistema para respetar la dignidad de cada donante potencial.
Por su parte, la Administración de Recursos y Servicios de Salud (HRSA) del mismo departamento analizó 351 casos en los que se autorizó la donación de órganos pero no se completó, lo que pone de manifiesto la complejidad y los desafíos éticos que rodean este proceso.
