El prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales subraya que la cuestión religiosa sigue siendo un componente fundamental de la identidad global.

El boletín de hoy
Jueves, 22 de octubre
El cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, y el embajador Giampiero Massolo protagonizaron un debate en la Embajada de Italia ante la Santa Sede, durante la XVII edición del Festival de la Diplomacia, con el periodista Massimo Franco como moderador. La pregunta que vertebró el encuentro la formuló el propio Gugerotti: si se quiere entender algo de este mundo, resulta imprescindible devolver a la cuestión religiosa el lugar central que le corresponde.
El cardenal situó el problema en el terreno cultural. A su juicio, el horizonte de los análisis —y hasta el de los libros de texto— se ha contraído hasta abarcar apenas los últimos treinta años, lo que ha llevado a ignorar la historia y, con ella, el peso del factor religioso. Ese factor, subrayó Gugerotti, "sigue representando un componente fundamental de la identidad global".
Lo acreditan tanto las tensiones en Tierra Santa, donde las tres grandes religiones monoteístas conviven con enorme dificultad, como la experiencia de los países de la antigua Unión Soviética: décadas de ateísmo de Estado no consiguieron erradicar el tejido eclesiástico ni la vivencia religiosa de sus pueblos.
Desde esa misma perspectiva, el cardenal describió el estilo propio de la diplomacia pontificia: gestos discretos y silenciosos, alejados de los focos mediáticos. Mencionó también las llamadas telefónicas de los Pontífices a jefes de Estado, cuyo propósito principal, precisó, es hacer llegar a las poblaciones el mensaje de que no están solas.
El verdadero riesgo de ignorar la dimensión religiosa, advirtió Gugerotti, no es el ateísmo declarado, sino la indiferencia hacia una realidad que ha moldeado y continúa moldeando el orden mundial.
El embajador Massolo abordó por qué la cuestión religiosa ocupa cada vez menos espacio en la política contemporánea. Su respuesta apuntó a la lógica que rige las decisiones de los Estados: "A la hora de elegir, los Estados tienden a anteponer el principio de la seguridad a cualquier otro". Massolo ilustró esta tendencia con tres ejemplos concretos: la decisión rusa de invadir Ucrania, el empeño europeo en evitar una victoria aplastante de Moscú y el lema "America First" del presidente estadounidense Donald Trump. En todos los casos, la seguridad recupera el primer plano y desplaza cualquier otra consideración.
El debate se extendió al desorden internacional. Massolo trazó un esquema de dos niveles: en el superior se sitúan Estados Unidos, China y una Rusia que, pese a su menor músculo económico frente a las dos grandes potencias, mantiene un peso determinante gracias a su arsenal nuclear. Estas tres potencias no buscan el enfrentamiento directo, sino preservar cierta compatibilidad estratégica que impida que los conflictos locales escalen hasta una colisión global. De la última reunión entre Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping emergió precisamente la expresión "estabilidad estratégica constructiva" como concepto rector de esa lógica.
En los niveles inferiores del sistema, sin embargo, el panorama es radicalmente distinto. "Se multiplican los conflictos, reina el caos: las guerras no terminan, se lucha sin alcanzar la paz", señaló Massolo. Como mucho, apuntó, se llega a un armisticio o a un equilibrio precario.
En ese contexto, la Unión Europea acusa una fragilidad creciente: una institución que edificó gran parte de su influencia en la capacidad de generar y proyectar normas se encuentra ahora ante la aplicación selectiva de esas mismas reglas. Su fuerza normativa corre el riesgo de convertirse en una debilidad, y la geometría variable aparece como una de las pocas salidas posibles, aunque sin ofrecer perspectivas tranquilizadoras.
El encuentro dejó abiertas varias preguntas que recorrieron todo el debate: cómo conciliar el factor religioso —y la identidad histórica que lleva consigo— con las prioridades de seguridad e interés nacional que guían a los gobiernos; qué espacio real conserva la diplomacia en un sistema donde las normas pierden peso; y si disponemos de instrumentos intelectuales suficientes para descifrar un mundo en el que la complejidad no reside solo en el tablero geopolítico, sino también en el propio esfuerzo de comprenderlo.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
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