La Santa Sede denuncia la falta de respeto al derecho humanitario en conflictos armados
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Durante el debate celebrado en el Consejo de Seguridad de la ONU el 21 de mayo, la Santa Sede ha manifestado su profunda preocupación ante las crecientes violaciones del derecho humanitario en los conflictos armados. En la sesión se abordó la «Protección de los civiles en los conflictos armados», donde se enfatizó que los civiles, lejos de ser «meros objetos y números», poseen una dignidad intrínseca que debe ser respetada en toda circunstancia.
La delegación vaticana denunció que los ataques contra lugares de culto, comunidades religiosas e instalaciones sanitarias se multiplican sin cesar, agravando la situación de millones de personas desplazadas de sus hogares y expuestas a la violencia, el hambre y el colapso de servicios básicos. Aunque existen iniciativas para poner fin a los conflictos, la realidad muestra que quienes cargan con el peso más grave de estas crisis son siempre los civiles.
En su intervención, la Santa Sede recordó que «la protección de los civiles» trasciende las consideraciones meramente políticas u operativas. Recogiendo el pensamiento del Papa León XIV, quien ha subrayado la obligación moral de proteger a las personas, la delegación expresó su alarma ante el creciente desprecio hacia el derecho internacional humanitario y la normalización de conductas que ponen en peligro a la población civil.
El discurso vaticano se articuló en torno a tres ejes fundamentales. Primero, los ataques contra lugares de culto, que no solo hieren a los creyentes sino que erosionan el tejido cultural y social de las comunidades. En contextos de guerra, estos espacios funcionan como refugios que ofrecen asistencia y fortalecen la solidaridad, razón por la cual garantizar la libertad religiosa resulta esencial incluso en situaciones de conflicto armado.
En segundo término, la delegación reclamó la protección del personal sanitario y de las instalaciones médicas, que continúan siendo objeto de ataques pese a la Resolución 2286, adoptada hace una década. La Santa Sede subrayó que «a los heridos y enfermos nunca se les debe negar la asistencia», y que quienes despliegan labores de asistencia humanitaria no pueden ser víctimas de agresiones.
Finalmente, la delegación expresó preocupación por el empleo de tecnologías emergentes, particularmente la inteligencia artificial, en operaciones bélicas. La Santa Sede advirtió que el uso de estas herramientas debe estar anclado en una responsabilidad ética rigurosa, puesto que ningún sistema automatizado puede suplir el discernimiento moral que exigen situaciones donde están en juego vidas humanas. La ausencia de control humano en el manejo de estas tecnologías podría acarrear consecuencias catastróficas para la población civil.
La Santa Sede concluyó pidiendo a la comunidad internacional que refuerce sus esfuerzos en prevención, diálogo y resolución pacífica de conflictos, recordando que la paz auténtica se construye mediante el encuentro, la confianza y la responsabilidad compartida, nunca a través del miedo o la destrucción. En este sentido, proteger a los civiles significa reconocer la dignidad que Dios ha conferido a cada persona, incluso en tiempos de guerra.
