Polémica en el Vaticano por el veto a 1.500 peregrinos

La Santa Sede rechaza el acceso a la basílica para rezar en grupo, sin ofrecer justificación ni comunicarlo hasta un día antes del evento.

Polémica en el Vaticano por el veto a 1.500 peregrinos
La Santa Sede niega sin explicación a 1.500 peregrinos rezar en grupo en la basílica
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La Santa Sede denegó el sábado 24 de octubre el acceso de cerca de 1.500 peregrinos católicos a la basílica de San Pedro para rezar en grupo ante la tumba del Apóstol, en el contexto de la peregrinación anual Ad Petri Sedem Summorum Pontificum. La negativa, firmada por el arzobispo Paolo Rudelli, sustituto de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, no fue acompañada de ninguna explicación. Los peregrinos no supieron nada hasta la tarde del viernes, es decir, apenas un día antes del evento.

La peregrinación, que este año cumplía su decimoquinta edición, es organizada por el Coetus Internationalis Summorum Pontificum, asociación que agrupa a 33 organizaciones católicas de todo el mundo comprometidas con la defensa de la liturgia tradicional. El nombre del evento remite al motu proprio Summorum Pontificum, promulgado en 2007 por el papa Benedicto XVI, que liberalizó el uso de la liturgia anterior a la reforma del Concilio Vaticano II para todos los sacerdotes. La peregrinación arrancó en 2012, es fundamentalmente una iniciativa laical —aunque también reúne a sacerdotes y religiosos— y se inspira en el lema cum Petro et sub Petro, expresión de fidelidad al papa y a la Iglesia Católica.

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La cadena de negativas comenzó meses antes del fin de semana de la peregrinación. El obispo Athanasius Schneider entregó personalmente al Papa León XIV, en una audiencia privada celebrada el 18 de diciembre del año anterior, una solicitud del Coetus para celebrar una misa pontifical en el Altar de la Cátedra de San Pedro. La Secretaría de Estado no respondió hasta el 7 de agosto, unos ocho meses después, y lo hizo para denegar el uso del espacio alegando su indisponibilidad, sin ofrecer ninguna fecha alternativa ni explicación adicional.

Ante esa primera negativa, los organizadores presupusieron que, como había ocurrido en 2023 y 2024 cuando también se había rechazado la misa, seguiría siendo posible alguna forma de devoción colectiva en el interior de la basílica. El 8 de septiembre, el padre Claude Barthe, capellán de la peregrinación, escribió a la Secretaría de Estado para preguntar si los peregrinos podrían entrar en procesión el 24 de octubre, rezar por el papa en el Altar de la Confesión y adorar el Santísimo Sacramento. La sacristía de la basílica había confirmado que el horario propuesto —la 1:00 p. m.— era viable, a condición de que la Secretaría de Estado otorgase la autorización.

El arzobispo Rudelli respondió en carta fechada el 30 de septiembre negando la solicitud sin aportar ningún motivo. La carta, además, fue enviada por correo ordinario a la Nunciatura Apostólica en París, y no llegó al padre Barthe hasta el 12 de octubre, menos de dos semanas antes de la peregrinación. En su respuesta, el arzobispo tampoco negó que la basílica estuviese disponible en la fecha solicitada ni ofreció explicación alguna para la denegación.

Christian Marquant, principal organizador de la peregrinación, explicó en un comunicado del 25 de octubre que los responsables del evento decidieron no hacer pública la noticia de inmediato porque intentaban «obtener permiso para que el grupo entrara en la Basílica de San Pedro, dada la importancia de ese gesto y el escándalo que habría supuesto para los peregrinos, y para los católicos en general, que se les negara la entrada durante una peregrinación». Al fracasar esos intentos, el anuncio llegó a los peregrinos la tarde del viernes. La marcha terminó siendo interrumpida por la seguridad vaticana a la altura del obelisco del Vaticano.

Joseph Shaw y Monika Rheinschmitt, presidente y tesorera respectivamente de Una Voce International (FIUV), una de las asociaciones integradas en el Coetus, señalaron que «en aquel momento se esperaba y se presumía que, aun así, sería posible tener algún tipo de devoción colectiva para los peregrinos en la basílica de San Pedro, como había ocurrido en 2023 y 2024». Añadieron que «la carta de agosto no descartaba esa posibilidad, por lo que el Coetus formuló la solicitud».

Fuentes vaticanas no identificadas citadas por el portal The Pillar ofrecieron una versión distinta: según esas fuentes, la denegación afectó únicamente a la entrada en procesión, y los peregrinos habrían podido reunirse en el interior de la basílica si los organizadores hubiesen presentado una solicitud en términos más específicos. Marquant desmintió, sin embargo, que se hubiese ofrecido alguna fecha alternativa para la misa, afirmación que otros medios verificaron también con los organizadores.

A raíz de la negativa para la misa en San Pedro, algunos medios del entorno tradicionalista apuntaron que la celebración presidida el año anterior por el cardenal Raymond Leo Burke había sido percibida en el entorno del papa como «inapropiadamente triunfalista», lo que habría influido decisivamente en la decisión de no conceder autorización en esta ocasión.

El calendario añadió otro elemento de controversia. A finales de septiembre, la Santa Sede anunció que ese mismo 24 de octubre celebraría una Lectio Francisci en el Altar de la Cátedra, con motivo del 800.º aniversario de la muerte de san Francisco de Asís. Sin embargo, en toda su correspondencia con el Coetus la Santa Sede no mencionó en ningún momento ese evento, anunciado nueve meses después de que los peregrinos presentasen su solicitud de misa. Además, la Lectio Francisci estaba programada para la tarde del 24 de octubre, mientras que la misa pontifical habría tenido lugar por la mañana, y la sacristía había confirmado que el altar estaría disponible a las 13:00 horas para la oración solicitada.

Ante la imposibilidad de celebrar ningún acto en San Pedro, los organizadores obtuvieron autorización para una misa prelacial en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, fijada para las 15:00 horas del sábado. Shaw y Rheinschmitt destacaron el «privilegio» que supuso poder celebrar allí la misa un sábado, práctica que «normalmente no está permitida a grupos de peregrinos». La misa fue celebrada por el obispo Schneider, quien la ofreció por el descanso del alma del papa Francisco. En su homilía, exhortó a quienes ejercen responsabilidades en la Iglesia a promover la «anhelada paz litúrgica» que «restablezca el pleno uso, sin discriminación, de la forma tradicional del Rito Romano».

El trasfondo doctrinal es el del motu proprio Traditionis custodes, promulgado por el papa Francisco en 2021, que revocó el Summorum Pontificum de Benedicto XVI e impuso severas restricciones a la liturgia tradicional, también denominada usus antiquior o misa tridentina. La celebración en Santa María la Mayor adquirió una dimensión simbólica añadida: esa es precisamente la basílica en la que el papa Francisco, fallecido en 2025, fue sepultado por deseo propio, el mismo pontífice que había restringido la liturgia que los peregrinos defienden.

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