Cobo: “La unción no es para nosotros, es para los pobres y los heridos”

Cobo: “La unción no es para nosotros, es para los pobres y los heridos”

La catedral de Santa María la Real de la Almudena ha acogido este Martes Santo, 31 de marzo, la Misa Crismal de la archidiócesis de Madrid, una de las celebraciones más significativas del año, en la que los sacerdotes han renovado sus promesas sacerdotales junto a su obispo.

La Eucaristía fue presidida por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, acompañado por los obispos auxiliares, el cardenal emérito Antonio María Rouco Varela y numerosos sacerdotes, en una manifestación de unidad del presbiterio y comunión con el Pueblo de Dios.

Una Iglesia reunida en torno al obispo

La celebración congregó a numerosos fieles y sacerdotes en el corazón de la diócesis, reflejando la dimensión eclesial de esta liturgia.

Durante la Misa Crismal se bendijeron los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, y se consagró el Santo Crisma, que se utilizará a lo largo del año en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Unción de los enfermos, así como en la dedicación de iglesias y altares.

La unción, al servicio de los más necesitados

En su homilía, el cardenal Cobo recordó que la unción sacerdotal no es un privilegio personal, sino una llamada al servicio:

“Esa unción no es para nosotros, es para los pobres, los heridos, los que esperan, a veces sin saberlo, una palabra de vida”.

El arzobispo subrayó que el ministerio sacerdotal tiene su origen permanente en Cristo y se vive en clave de entrega y misión.

Misericordia y fidelidad, claves del sacerdocio

Cobo insistió en que la identidad del sacerdote se configura a partir de dos dimensiones fundamentales:

“Jesús es misericordioso con los hermanos y fiel al Padre”.

En este sentido, explicó que la misericordia es el rasgo que configura al sacerdote con Cristo, aunque no garantice el éxito humano, ya que la vocación no consiste en la eficacia, sino en la fidelidad y en la identificación con la Cruz.

“No somos salvadores impecables”

El cardenal advirtió también contra una visión idealizada del sacerdocio:

“No somos salvadores impecables, sino bautizados alcanzados por la gracia”.

Señaló que los fieles no buscan “un profesional de lo sagrado”, sino encontrar a Cristo en la cercanía y humanidad de los sacerdotes.

Llamada a la unidad y a la misión

Al término de su homilía, el arzobispo de Madrid alertó contra el individualismo y subrayó la importancia de la fraternidad sacerdotal.

“Cuando un presbiterio vive unido, la diócesis respira”.

Además, recordó que los sacerdotes están llamados a llevar la misericordia de Dios a todos, especialmente a los pobres, los migrantes y quienes han perdido la esperanza.

Petición final

El cardenal Cobo concluyó su homilía con una invitación clara a los sacerdotes:

“Pidamos un corazón misericordioso con los hermanos, fiel al Padre y fraterno en el presbiterio”.

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