Madrid forma a 70 sacerdotes para afrontar la soledad y la sobrecarga

Madrid forma a 70 sacerdotes para afrontar la soledad y la sobrecarga

La Archidiócesis de Madrid lanza un curso de acompañamiento para atender la soledad y sobrecarga laboral del clero, con énfasis en el cuidado integral del sacerdote en la comunidad.

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La Archidiócesis de Madrid ha puesto en marcha un curso de acompañamiento para 70 sacerdotes con el que pretende hacer frente a la soledad y la sobrecarga que pesan sobre muchos presbíteros en el ejercicio de su ministerio. La iniciativa nació de las inquietudes recogidas en la asamblea Convivium, celebrada en febrero de 2026, donde se planteó abiertamente la necesidad de cuidar a los sacerdotes en todos los ámbitos de su vida, según explicó Juan Carlos Merino, vicario para el Clero de la archidiócesis.

Merino apuntó que la labor sacerdotal acumula tensiones por el volumen de trabajo, hasta el punto de que los propios laicos perciben a sus párrocos como muy entregados pero también saturados y sobrecargados. Para articular el curso se ha contado con presbíteros experimentados en acompañamiento y con los arciprestes, a quienes corresponde esta responsabilidad por razón de su cargo.

En 2024, la Archidiócesis de Madrid tenía 462 parroquias y 1.340 sacerdotes diocesanos. De ellos, 624 ejercen su ministerio en la diócesis, más de 500 están jubilados, 127 trabajan fuera y otros 50 son misioneros. Pese a disponer de un clero numeroso respecto a otras diócesis, los sacerdotes no quedan al margen de las mismas dificultades que afectan a la población general, lo que puede abocarlos a un modo de vida cada vez más solitario.

El vicario advirtió también de que, aunque el número de seminaristas crece, el de sacerdotes en activo mengua: entre 10 y 15 ordenaciones anuales frente a cerca de 30 fallecimientos. A eso se suma el incremento de la población en la diócesis, de modo que la carga de trabajo no cede. La respuesta pasa, según Merino, por una mejor organización y por priorizar los tiempos y las relaciones para no caer en el aislamiento.

El curso pone el acento en la conversión relacional y en el cuidado físico, psíquico y espiritual del sacerdote. Merino subrayó que el presbítero no es un ser aislado: su ministerio se nutre de vínculos sanos con el obispo, con sus hermanos sacerdotes y con quienes le han sido encomendados. "No somos sacerdotes para estar solos", afirmó, reclamando un apoyo mutuo más firme entre los presbíteros.

Muchos laicos han querido sumarse a esta tarea. Lo hacen a través de los grupos de seguimiento organizados por la archidiócesis y de cursos de liderazgo sacerdotal en los que también participan mujeres católicas con sólida formación. Un grupo de voluntarios acompaña además a los sacerdotes jubilados, con el fin de reducir el riesgo de soledad en esa etapa y facilitar una transición más llevadera hacia el retiro.

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