El arzobispo de Sevilla, Mons. José Ángel Saiz Meneses, centró su homilía del Domingo de Pascua en la certeza de la resurrección de Cristo como fundamento de la fe cristiana y fuente de una esperanza que transforma la vida personal y comunitaria.
Durante la celebración presidida en la Catedral de Sevilla, el prelado subrayó que la Pascua no es solo una conmemoración, sino un acontecimiento real que cambia el sentido de la historia y de la existencia humana.
Mons. Saiz Meneses afirmó con rotundidad que la resurrección de Cristo es el acontecimiento más importante de la historia, recordando las palabras de San Pablo:
“Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido”.
En este sentido, insistió en que la fe cristiana no es una ideología ni una tradición, sino el encuentro con una persona viva:
“Cristo vive, ha vencido al pecado y a la muerte, y ha abierto las puertas de la vida eterna”.
El arzobispo comentó el relato evangélico del sepulcro vacío, destacando la figura de María Magdalena y de los discípulos, que buscan a Jesús en medio de la oscuridad y la incertidumbre.
“Antes de comprenderlo todo, cree”.
A partir de este pasaje, señaló que la fe exige un corazón humilde y abierto a la acción de Dios, capaz de acoger el misterio incluso sin tener todas las respuestas.
Saiz Meneses advirtió contra el riesgo de una fe superficial o rutinaria, subrayando que la Pascua llama a reavivar la certeza de que Cristo está vivo y actúa en la Iglesia.
“No una fe cansada, no una fe rutinaria, no una fe reducida a formas externas”.
Explicó que el Señor se hace presente en los sacramentos, en la Palabra y en la vida concreta de los fieles.
El arzobispo recordó que la resurrección no se entiende sin el camino previo del Triduo Pascual, destacando que la Pascua no elimina el sufrimiento, sino que lo transforma.
“La Pascua no suprime la cruz, sino que la ilumina”.
En este sentido, afirmó que el mal, el pecado y la muerte no tienen la última palabra, sino que esta pertenece a Dios.
Uno de los ejes principales de la homilía fue la alegría pascual, entendida no como algo superficial, sino como una certeza profunda que nace de la presencia del Resucitado.
“La alegría cristiana puede convivir con el sufrimiento, porque brota de la presencia del Señor”.
El arzobispo advirtió que el cristiano no puede vivir instalado en la tristeza o la desesperanza, sino que está llamado a ser testigo de una esperanza firme.
Saiz Meneses insistió en que la alegría de la Pascua debe traducirse en la vida cotidiana y convertirse en testimonio.
“Un cristiano pascual no puede vivir permanentemente en la queja o la amargura”.
Explicó que esta alegría se transmite a través de gestos concretos como el perdón, el servicio, la oración, la caridad y la fidelidad a la fe.
El arzobispo pidió vivir una Pascua verdadera, no solo externa, sino interior, que transforme la vida de las familias, las parroquias y las comunidades.
“Necesitamos volver a lo esencial y dejarnos encontrar por Cristo vivo”.
