
La ordenación de Sebastián Rubio se enmarca en la celebración de la Jornada de Migraciones en Toledo
El boletín de hoy
Miércoles, 7 de octubre
La Catedral Primada de Toledo acogió el pasado 27 de septiembre la ordenación diaconal de Sebastián-Enrique Rubio García, natural de Lima y feligrés de la parroquia de Santa Bárbara. La ceremonia, presidida por el arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro Chaves, tuvo lugar en la Jornada de Migraciones, circunstancia que dotó al acto de un significado añadido. Rubio, nacido en 1972, estuvo acompañado por su esposa e hija, por un nutrido grupo de fieles de su parroquia y por diversas agrupaciones de migrantes de la Archidiócesis.
Su ministerio se desarrollará en la parroquia de Santa Bárbara y en la delegación diocesana de Migraciones. Durante el acto, el nuevo diácono expresó “ilusión y alegría” por la ordenación y describió su vocación como una respuesta a la llamada de Dios. En sus propias palabras, "lo veo como una llamada de Dios a la cual respondo con un sí, abandonándome a su santa voluntad; es toda una gracia donde me dejé hacer por Él para el servicio a su Iglesia y mis hermanos en la fe".
El origen de su inquietud por el servicio eclesial se remonta a la invitación de don Juan Sánchez, antiguo deán de la Catedral, que conocía de cerca su trabajo como catequista en la parroquia de San Juan de los Reyes y su implicación en la delegación de Migraciones. Rubio ha ejercido también como portero y demandadero en el monasterio de carmelitas descalzas de San José, una de las fundaciones teresianas.
Preguntado sobre cómo afrontará su nuevo cometido, Rubio explicó que seguirá en la misma línea de servicio, aunque ahora transformada por el sacramento del orden. “Esta vocación, a nivel personal, me llena de gozo y alegría, por la misericordia que Dios ha tenido al darme esta gracia”, añadió, señalando que su familia comparte y celebra esa vocación como una bendición recibida.
Sobre la vigencia del diaconado permanente, Rubio lo considera “válida y necesaria” y una riqueza genuina para la Iglesia. Recordó que esta figura existe desde los primeros siglos del cristianismo y que el Concilio Vaticano II la recuperó con plena conciencia, reconociendo tanto su forma transitoria hacia el presbiterado como su modalidad permanente, abierta a casados y célibes.
El propio Rubio describió el momento de la ordenación como una experiencia cargada de ilusión y alegría, aunque también de responsabilidad, pues debía estar atento a la liturgia que había preparado. Reafirmó su compromiso con la parroquia de Santa Bárbara y con la Delegación de Migraciones como los dos ámbitos naturales de su futuro ministerio.
Para cerrar, Rubio animó a otros hombres que sientan ese impulso de servicio en sus comunidades a no vacilar. “Se trata de ir a remando mar adentro donde nos encontraremos con Cristo servidor”, concluyó, pidiendo que se preparen con amor y dedicación. Agradeció a Dios, al arzobispo emérito don Braulio por haber impulsado el diaconado permanente en la diócesis, y al actual arzobispo, don Francisco, por su cercanía y apoyo constantes.
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