El arzobispo de Zaragoza llama a contemplar la Cruz como camino de fe: “Quedamos a la espera de la Resurrección”
El arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, ha invitado a los fieles a vivir la Semana Santa con profundidad espiritual, recordando que no se trata solo de una tradición, sino del encuentro con Cristo: “En el centro de estos días no nos situamos tan sólo ante una tradición, sino ante una Persona”.
En su carta pastoral titulada “A la espera de la Resurrección”, el prelado subraya que estos días santos actualizan el acontecimiento central de la fe cristiana: “La Semana Santa es la actualización del acontecimiento de nuestra Salvación”, y sitúa a los creyentes ante el misterio del amor de Dios manifestado en la Cruz.
El arzobispo destaca el significado del Domingo de Ramos, señalando que no es solo una celebración festiva, sino una expresión de la paradoja cristiana: “No es solo un pórtico de gloria, es la manifestación de la paradoja cristiana”. En ella, Jesús redefine la realeza divina: “su reino no es de este mundo y su victoria no se cimenta en el poder, sino en la humildad y el servicio”.
A lo largo de los días santos, Escribano invita a contemplar el “abajamiento voluntario de Cristo”, que alcanza su punto culminante en momentos como la oración en Getsemaní y la institución de la Eucaristía: “el mandato del amor se sella con el pan y el vino, anticipando el cuerpo entregado y la sangre derramada”.
En este contexto, pone en valor el papel de las hermandades y cofradías, que define como auténticas comunidades de fe: “Su razón de ser es convertirse en catequesis viva”. Para el arzobispo, cada imagen que procesiona es “una síntesis visual del sufrimiento” y un medio para anunciar la misericordia de Dios.
Las procesiones, añade, no son un mero acto cultural, sino una prolongación de la liturgia: “deben entenderse como una extensión de la liturgia en el espacio público”. El cofrade, explica, no busca protagonismo, sino identificarse con Cristo: “es la respuesta al mandato evangélico de ‘negarse a sí mismo y tomar la cruz’”.
Al llegar al Viernes Santo, el arzobispo invita al silencio y a la contemplación: “el cosmos enmudece ante la muerte del Justo”. Sin embargo, subraya que la Cruz no es el final: “el madero no es un final, sino el puente tendido entre la finitud humana y la eternidad de Dios”.
En este tiempo, el creyente está llamado a adentrarse en el misterio de un Dios que comparte la fragilidad humana para transformarla: “no solo mira una representación; se sumerge en el misterio”.
Finalmente, Carlos Escribano anima a todos los fieles a vivir intensamente estos días santos: “Os animo a vivir con intensidad estos días santos en nuestros pueblos y ciudades”, concluyendo con una llamada llena de esperanza: “Quedamos a la espera de la resurrección del Señor con el corazón lleno de fe y empapado de esperanza”.
