León XIV en la Almudena: "Hay murallas que no protegen, sino que dividen"

León XIV en la Almudena: "Hay murallas que no protegen, sino que dividen"

En la Almudena, ante la Reina Sofía, el Papa ofrece la rosa de oro y exhorta a derribar las barreras que dividen Madrid y la sociedad.

El Papa León XIV ofreció la rosa de oro a la Virgen de la Almudena en la catedral madrileña y pronunció un discurso que rechazó directamente las "murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan" en las sociedades actuales. Ante la Reina Doña Sofía, el arzobispo de Madrid, seminaristas y sus familias, el Pontífice exhortó a los fieles a "ser constructores de paz y reconciliación" mediante el derrumbe de estas barreras que fragmentan la comunidad.

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"Para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros, porque para reemprender la ruta son necesarios espacios que nos permitan vislumbrar el horizonte", afirmó el Papa en un acto de oración íntimo en la Catedral de Santa María de la Almudena a las 18:00 horas.

El Pontífice utilizó la historia de la imagen mariana como metáfora central de su mensaje. Recordó que "en tiempos difíciles para la comunidad cristiana" los fieles escondieron la talla de la Virgen "en un recinto de la muralla de la Ciudadela, donde permaneció oculta durante mucho tiempo, hasta que, tras el derrumbe milagroso de una parte de los muros, fue hallada intacta". Desde este acontecimiento histórico desarrolló una reflexión sobre qué significa derribar muros hoy.

"En un primer momento, una muralla que cae provoca ruido, caos, desorden; pero también abre espacios, restaura posibilidades e impulsa restablecimientos", explicó el Papa. Sin embargo, reconoció que la sociedad actual prefiere evitar esta tarea: "En nuestras sociedades actuales siguen existiendo aún muchas murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan. Y, a veces, al pensar en que derribarlas supone tener que enfrentar lo que no nos gusta, preferimos la comodidad de sólo apuntalarlas y, más frecuentemente, de ignorarlas".

El rechazo papal fue explícito: estas murallas no son como la que protegía la imagen en tiempos de persecución, sino estructuras que rompen la comunidad. "Nuestra Señora de la Almudena, con su presencia y la seguridad de su protección, nos dice otra cosa", afirmó, indicando que el camino es el opuesto al de ignorar o reforzar las divisiones.

El Papa presentó una estructura de respuesta basada en tres pilares. "Os exhorto a no desfallecer en vuestro testimonio de fe, para contemplar el designio de amor del Padre; de caridad, para uniros como una única familia de hermanos y hermanas; y de esperanza, para sosteneros en vuestra acción en el mundo", señaló. Estas tres virtudes teologales funcionan como respuesta integral a la fragmentación social.

La exhortación a la acción fue directa: "podáis ser constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia". El Papa no pidió únicamente una actitud contemplativa sino un protagonismo constructivo. Los fieles no deben ser espectadores de las murallas que dividen, sino agentes activos en su derrumbe y en la edificación de lo que vendrá después.

En el contexto del acto, la presencia de seminaristas adquirió un significado particular: son ellos los que habrán de asumir esta responsabilidad en el futuro. Igualmente, la presencia de la Reina Doña Sofía situó el mensaje en el ámbito institucional, sugiriendo que la invitación a derribar murallas trasciende lo puramente religioso.

El gesto ceremonial de la rosa de oro —símbolo tradicional del amor filial del Papa a la Virgen María— se conectó con el mensaje profético. No fue un hecho puramente devocional, sino que llevaba inscrito la apelación: así como la muralla cayó milagrosamente para revelar la imagen, así ahora deben caer las murallas que impiden el encuentro entre las personas.

El Papa concluyó entregando a la intercesión mariana la tarea que propone: "Y que con el ejemplo y la intercesión de Santa María la Real de la Almudena, la Virgen del Magníficat que sigue proclamando la grandeza del Señor y exultando en Dios su Salvador, Él custodie y fortalezca vuestro amor a Jesús y a la Iglesia". La Virgen que fue sacada de entre los muros es presentada como modelo de quien debe salir de los espacios cerrados para construir comunión.

La ceremonia incluyó el canto del himno dedicado a la Virgen de la Almudena, que los presentes acompañaron. La bendición apostólica cerró el acto íntimo, aunque su mensaje sobre las murallas que dividen trasciende el espacio de la catedral para dirigirse a una sociedad que el Papa ve fragmentada.

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