En los últimos diez años, América Latina ha experimentado una notable transformación en su panorama religioso, con una reducción significativa de la población católica y un auge del individualismo espiritual, mientras que el crecimiento de los grupos neoevangélicos se ha ralentizado.
Según un estudio del Pew Research Center basado en encuestas realizadas a 6.200 adultos en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, el catolicismo continúa siendo la confesión predominante en la región, aunque su presencia ha disminuido considerablemente. Actualmente, el porcentaje de católicos oscila entre el 46 % y el 67 % en estos países, mientras que la proporción de personas sin afiliación religiosa ha aumentado, situándose entre el 12 % y el 33 %.
En comparación con la década anterior, la caída en la identificación católica supera los diez puntos porcentuales en casi todos los países analizados. Por ejemplo, en Brasil y Chile, solo el 46 % de los adultos se declaran católicos en 2024, mientras que en Argentina, Colombia, México y Perú las mayorías católicas son más amplias, aunque notablemente menores que en 2013-2014. En términos absolutos, el descenso alcanza un 19 % en Colombia, 18 % en Chile, 15 % en Brasil, 14 % en México, 13 % en Argentina y 9 % en Perú.
El periodista y experto en temas religiosos Guillermo Sandoval, director del Centro de Gestión del Conocimiento del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), señala que esta tendencia refleja una crisis generalizada de las instituciones, tanto públicas como privadas, que se manifiesta en un aumento de personas, especialmente jóvenes, que no se adscriben a ninguna confesión concreta. Sandoval destaca que, pese a esta desafección, la Iglesia sigue siendo la institución que genera mayor confianza en la región.
Este fenómeno está vinculado a un auge del individualismo liberal que influye en diversos ámbitos, desde la preocupación por la seguridad privada hasta los valores transmitidos en el seno familiar, donde la búsqueda del éxito personal ha desplazado la prioridad de una educación cristiana orientada a la salvación. En consecuencia, la práctica religiosa y la importancia atribuida a la fe en la vida cotidiana han alcanzado niveles similares a los observados en Europa, poniendo en cuestión la persistencia de una identidad religiosa latinoamericana tradicional, aunque países con mayor arraigo cristiano, como Perú, mantienen todavía una mayor religiosidad.
En cuanto a los grupos neoevangélicos, el informe revela que su crecimiento se ha estancado en la última década. En varios países, el número de adultos sin afiliación religiosa supera ya al de protestantes, que solo han aumentado marginalmente, con incrementos de 1 a 3 puntos porcentuales. Según datos del Latinobarómetro, los protestantes alcanzaron un 23 % en 2023, pero descendieron al 19 % en 2024, lo que indica un agotamiento de la expansión neogospelista.
Entre las causas del descenso católico, la urbanización juega un papel destacado, especialmente en países como Colombia, donde la concentración de población en grandes ciudades dificulta la cercanía y el contacto con la Iglesia. Sandoval ejemplifica esta realidad con la Ciudad de México, donde desplazarse puede consumir hasta ocho horas diarias, limitando el tiempo disponible para la práctica religiosa.
Para afrontar estos desafíos, el experto propone una renovación pastoral que se adapte a la vida cotidiana de las personas, con especial atención a espacios como las universidades y a temas de interés social como el cuidado de la Casa Común. Además, aboga por una Iglesia sinodal, menos clerical y más receptiva a los signos de los tiempos, capaz de conectar con las nuevas formas de espiritualidad y las demandas de la sociedad actual.
