
Obispos de todo el mundo concluyen en el Vaticano una semana de encuentro dedicada a la aplicación de Amoris Laetitia, comprometiéndose a escuchar mejor a las familias contemporáneas y a afrontar la creciente reticencia de los jóvenes al matrimonio.
Presidentes de conferencias episcopales y expertos en pastoral familiar reunidos en el Vaticano del 7 al 14 de octubre cerraron su semana de trabajo sobre matrimonio y vida familiar con compromisos concretos de mayor atención a las realidades de las familias de hoy. La reunión, convocada por León XIV para examinar la aplicación de Amoris Laetitia, el documento que el Papa Francisco firmó en 2016, congregó a 115 presidentes de conferencias episcopales, expertos en pastoral familiar, responsables de iglesias católicas orientales y laicos.
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Martes, 20 de octubre
El encuentro concluyó el 14 de octubre, la misma jornada en que se conoció que León XIV había sido operado el 13 de octubre para extirpar tejido canceroso del pulmón. El Papa permanece hospitalizado, y el informe de síntesis del encuentro no se hará público hasta que lo revise personalmente, de modo que su fecha de publicación sigue siendo incierta.
"En un mundo cada vez más configurado por los robots, el anonimato y el aislamiento, la familia tiene un papel profético que desempeñar no solo en la sociedad, sino en el futuro de la humanidad", afirmó el arzobispo Charles Scicluna de Malta al término del encuentro. Junto a otros participantes, Scicluna subrayó que Amoris Laetitia conserva hoy la misma vigencia que cuando fue publicado hace una década.
El padre jesuita Giacomo Costa, consultor de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, señaló que los debates reflejaron, por encima de todo, el deseo de permanecer fiel al Evangelio sin contraponer misericordia y verdad como si fueran principios irreconciliables.
Los organizadores describieron un mundo muy distinto al de hace diez años: incertidumbre económica, pérdida de confianza en la permanencia del matrimonio, migración, pobreza, separación y guerra. Frente a ese panorama, Amoris Laetitia no propone soluciones universales, sino que urge a los responsables eclesiales a comprender las experiencias concretas de cada familia y a desarrollar respuestas pastorales adaptadas a sus circunstancias particulares.
El arzobispo Paul S. Coakley de Oklahoma City, presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, reconoció que Amoris Laetitia ha estado frecuentemente asociada a controversias generadas por su interpretación. Advirtió, sin embargo, que su mensaje de fondo ha transformado ya el modo en que los católicos hablan del matrimonio y la familia.
"La mayoría de los católicos que conocen algo de Amoris Laetitia la conocen por las notas a pie de página, por las controversias que la rodearon", declaró Coakley a Catholic News Service el 14 de octubre. "Pero hay mucho más en este documento". El acento puesto en la escucha y el acompañamiento, añadió, forma ya parte del vocabulario pastoral cotidiano de la Iglesia.
El obispo Daniel E. Flores de Brownsville, Texas, vicepresidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, trasladó que la Iglesia debe prestar especial atención a las razones por las que los jóvenes dudan cada vez más a la hora de casarse, ya sea por presiones económicas, incertidumbre ante el futuro o la sensación de no estar preparados para un compromiso de por vida.
El reto para las iglesias locales, explicó Flores, consiste en generar una confianza renovada en la posibilidad de una vida matrimonial feliz, sin dar por supuesto que la misma respuesta pastoral sirve en cualquier rincón del mundo.
El obispo Flores subrayó la necesidad de acompañar a los matrimonios mucho más allá del día de la boda. Los programas de preparación matrimonial, por completos que sean, no pueden anticipar todos los desafíos que encontrarán las parejas. Los matrimonios con más años de vida, incluidos quienes han atravesado dificultades, pueden desempeñar un papel relevante en el sostenimiento de las familias jóvenes.
El arzobispo Coakley se sumó a esta reflexión señalando que los sacerdotes continúan su formación después de la ordenación, mientras que la preparación matrimonial suele concluir en el momento de la boda. "La realidad cambia siempre, y la Iglesia necesita seguir acompañando a estas familias jóvenes, a estas familias más maduras", declaró a Catholic News Service.
Durante la semana de trabajo, los obispos abordaron el funcionamiento de los tribunales matrimoniales, el acceso a los procedimientos para las declaraciones de nulidad y la necesidad de formar las conciencias de quienes acompañan a las familias. El encuentro puso igualmente de relieve la relación entre Amoris Laetitia y la sinodalidad, en particular la necesidad de que las familias participen activamente en la vida y en las decisiones de la Iglesia, en lugar de limitarse a recibir pasivamente la orientación pastoral.
En la Misa que clausuró el encuentro, el cardenal Luis Antonio Tagle leyó la homilía preparada por León XIV, quien animó a los católicos a reconocer la familia como la primera escuela del amor y a sostener a los matrimonios y a las familias a lo largo de toda su vida.
El Papa alentó a construir una Iglesia que sea una "familia de familias", en la que las parejas jóvenes reciban aliento, los padres encuentren apoyo, los mayores sean valorados por su sabiduría y quienes atraviesan una crisis sean acogidos con afecto y no con juicio.
"De este modo, el amor vivido en la familia —con sus momentos de lucha, errores y fracasos, pero también con la maravilla de su vida cotidiana e imprevisible— se convierte en la primera escuela del afecto humano, el primer aprendizaje precioso e insustituible de la 'alegría del amor'", leyó el cardenal Tagle de la homilía escrita por el Papa. "Por eso debemos reconocer y apoyar los esfuerzos de tantas familias que viven su vocación y misión día a día, sin aspavientos, pero a veces con fidelidad heroica".
Para algunos participantes, el encuentro no resolvió todas las preguntas sobre cómo debe responder la Iglesia a las realidades cambiantes de la vida familiar. El padre Stanislaus Chu Ilo, sacerdote y teólogo nigeriano de Chicago, señaló que los debates demostraron que la Iglesia puede reconocer preguntas sin resolver y seguir avanzando al mismo tiempo.
"Se puede vivir en la complejidad", afirmó. "Siempre hay dos caras en todo". El encuentro, añadió, ofreció la esperanza de que, prestando mayor atención a la fragilidad de la vida familiar, la Iglesia pueda reconocer mejor la presencia de Dios en las incertidumbres que configuran su futuro.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
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