La jerarquía católica italiana alerta sobre el malestar de la juventud.

Giuseppe Baturi, arzobispo de Cagliari, mostró su alarma el 23 de septiembre de 2026 por la escalada de violencia juvenil, después de que un alumno apuñalara a una profesora en un colegio de Roma. En rueda de prensa, el prelado advirtió de que estos episodios revelan un malestar profundo que se traduce tanto en agresiones hacia otros como en conductas autolesivas.
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Sábado, 7 de noviembre
El arzobispo apuntó que "las violencias de los jóvenes nos hablan de un malestar que se convierte en agresividad hacia los otros, y muchas veces hacia uno mismo". Los incidentes violentos, subrayó, no se limitan al entorno escolar, sino que se extienden a otros ámbitos sociales, lo que da la medida real del problema.
Frente a este panorama, Baturi reclamó una respuesta decidida de la sociedad, la política y la Iglesia. Para el arzobispo, resulta imprescindible que "los ámbitos educativos, y la escuela en particular, deberían ser centrales para un país".
El secretario general de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) coincidió en ese diagnóstico y defendió que "hay que invertir lo más posible, con inteligencia, recursos y personas para esta tarea realmente importante". Pese a la gravedad de la situación, Baturi confió en el compromiso de numerosos docentes que trabajan a diario por el bienestar de sus alumnos.
Para Baturi, la violencia no se combate con odio, sino con perdón y con la disposición genuina a escuchar a los jóvenes. "Hay un signo, un grito, un sufrimiento mudo que a veces nos llega de los jóvenes y que espera personas sensibles capaces de decodificarlo", concluyó el arzobispo, reclamando una atención seria a las necesidades emocionales y psicológicas de la juventud.