El Papa preside su primera Misa Crismal y llama a renovar la misión cristiana como camino de paz.
El Papa León XIV ha presidido este Jueves Santo su primera Misa Crismal como obispo de Roma en la Basílica de San Pedro, donde ha lanzado un fuerte mensaje sobre la misión cristiana en un mundo marcado por la violencia y los conflictos.
En una celebración que reúne tradicionalmente a sacerdotes y obispos para renovar sus promesas y bendecir los óleos sacramentales, el Pontífice subrayó que “la misión cristiana es la misma de Jesús, no una distinta”, y que en ella participa todo el Pueblo de Dios “según su propia vocación”.
Durante su homilía, León XIV estructuró la misión cristiana en tres dimensiones: distanciamiento, encuentro e incomprensión, advirtiendo que el seguimiento de Cristo implica salir de la comodidad. “No hay paz sin partida, no hay conciencia sin desapego, no hay alegría sin riesgo”, afirmó.
El Papa insistió en que el amor auténtico es incompatible con la violencia: “El amor verdadero es desarmado”, y por ello “ni en el ámbito pastoral, ni social, ni político el bien puede venir de la prevaricación”. En este sentido, denunció las “lógicas de dominio” que distorsionan la misión cristiana y llamó a vivir desde el servicio, el respeto y el diálogo.
En un contexto internacional marcado por guerras y tensiones, León XIV ofreció una reflexión de gran calado: “En un mundo disputado entre potencias que lo devastan, la cruz interrumpe la ocupación imperialista y desenmascara la violencia”. Así, presentó la cruz no como un fracaso, sino como el lugar donde se revela el verdadero rostro de Dios.
El Pontífice recordó que la misión cristiana no es “la aventura heroica de algunos”, sino un camino eclesial que incluye también el rechazo y la incomprensión. “La cruz forma parte de la misión”, subrayó, destacando que precisamente en esos momentos surge un testimonio más puro y transformador.
En este contexto, evocó la figura de san Óscar Romero, arzobispo de San Salvador asesinado en 1980 mientras celebraba la misa, a quien definió como un testigo que mantiene viva la esperanza. “Los santos hacen la historia”, afirmó, señalando que incluso en medio de la oscuridad “nace un pueblo nuevo, no de víctimas, sino de testigos”.
El Papa concluyó con una llamada a renovar el compromiso misionero: “En esta hora oscura de la historia, Dios nos envía a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte”, invitando a toda la Iglesia a responder con un “sí” decidido a una misión que “pide unidad y lleva la paz”.
La celebración contó con la participación de decenas de cardenales, obispos y sacerdotes, en una Basílica de San Pedro abarrotada de fieles. Uno de los momentos más significativos fue la bendición de los óleos, especialmente cuando el Papa sopló sobre el crisma, gesto que simboliza la acción del Espíritu Santo.
Con esta homilía, León XIV marca una línea clara de su pontificado: una Iglesia misionera, desarmada y comprometida con la paz en medio de un mundo herido por la violencia.
