La enseñanza del Concilio Vaticano II inspira un llamamiento a la acción solidaria en la búsqueda del bienestar común.
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En la Audiencia General celebrada el miércoles 23 de septiembre, el Papa León XIV abordó el valor de la actividad humana y su relación con el progreso, en el contexto de la enseñanza del Concilio Vaticano II. Ante miles de fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, el Pontífice reflexionó sobre cómo la verdadera evolución de la sociedad debe estar orientada hacia la caridad y la defensa de la dignidad humana.
León XIV centró su catequesis en la Constitución pastoral Gaudium et Spes, en particular en su tercer capítulo, que trata sobre “la actividad humana en el mundo”. En este sentido, el Papa subrayó que el progreso del ser humano no debe atribuirse a “fuerzas superiores”, sino que es el resultado de la libertad y la inteligencia del hombre, quien, creado a imagen y semejanza de Dios, actúa como agente del progreso. “Gran número de los bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las ‘fuerzas superiores’, hoy los obtiene por sí mismo”, afirmó el Santo Padre.
El Pontífice también hizo hincapié en que, a pesar de que algunos consideran que el avance técnico y científico puede debilitar la relación del hombre con Dios, esta visión es un “prejuicio” que persiste en una parte de la cultura occidental que ha perdido su conexión con la fe cristiana. En este contexto, León XIV advirtió que “en los humanismos post cristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales”, lo que lleva a la conclusión de que al negar la relación con Dios, se pierde la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana.
El Papa recordó que el Concilio Vaticano II busca ofrecer una respuesta clara a estas interpretaciones, afirmando que los esfuerzos del hombre por mejorar sus condiciones de vida son, en realidad, un reflejo de la voluntad de Dios. “Las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio”, subrayó León XIV.
En su discurso, el Santo Padre también destacó que Dios ha confiado al ser humano la tarea de llevar a término la creación, que se encuentra en un estado de crecimiento. “La humanidad, y con ella, el trabajo, el progreso y la autonomía de las realidades creadas, no queda absorbida o anulada por el encuentro con Dios, sino más bien asumida en su totalidad”, explicó. En este sentido, el trabajo humano es fundamental para alcanzar la verdad y la libertad plenas en Cristo.
León XIV hizo hincapié en que el pan y el vino que se ofrecen en la mesa eucarística son frutos del trabajo humano, y que para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar sus ocupaciones terrenas. “Puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo”, afirmó el Papa. Además, resaltó que un progreso auténtico debe estar guiado por la caridad, de modo que se utilice siempre para defender la dignidad del hombre y mejorar las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos.
Finalmente, el Papa exhortó a los presentes a compartir el conocimiento y las habilidades, para que todos los hombres y pueblos puedan desarrollar sus potencialidades, contribuyendo así a la construcción de un futuro mejor con la ayuda de Dios.
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