La Semana Santa de León vuelve a demostrar su capacidad de congregar a miles de cofrades y visitantes, reafirmando su lugar central en la vida de la diócesis y la ciudad. Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, obispo de la diócesis, reflexiona en esta entrevista sobre el equilibrio entre la dimensión religiosa y el impacto social y económico de estas celebraciones, así como sobre el papel de las cofradías en la transmisión de la fe.
Dieciséis millones de euros. Esa es la cifra que un reciente estudio atribuye al impacto económico de la Semana Santa leonesa. Una cantidad que el obispo reconoce como "impactante", aunque matiza que su interés principal no reside en los números, sino en que "todo lo que contribuya al bienestar de León es positivo".
Lo que sí valora es que ese movimiento económico refleja el interés real de instituciones y empresas por los actos que promueven las cofradías y hermandades. "Se percibe claramente", señala. Y, lo más importante para la Iglesia: muchos de esos visitantes participan también en las celebraciones litúrgicas, lo que permite que "el mensaje cristiano siga siendo comunicado".
Las cofradías como forma de pertenencia
Cerca de veinte mil cofrades participaron activamente en las procesiones. Para el obispo, estas asociaciones representan "una forma concreta de pertenecer a la Iglesia" para muchos bautizados, aunque con distintos niveles de compromiso. No es un detalle menor en un contexto de secularización.
Mons. de las Heras subraya la necesidad de "animar su plena integración en el plan pastoral de la diócesis" y de reforzar aspectos clave: formación permanente, misión evangelizadora y dimensión caritativo-social. Las cofradías, dice, están abiertas a este camino y son conscientes tanto de los desafíos como de su aportación como asociaciones públicas de fieles dentro de la Iglesia.
Turismo y fe: un equilibrio posible
Más de diecisiete mil turistas visitaron León durante la Semana Santa. El 99,6% afirmó que le gustaría volver. Pero ¿cómo mantener el equilibrio entre el atractivo turístico y el sentido religioso de la celebración?
El obispo insiste en que muchos visitantes participan en las celebraciones litúrgicas. Esa participación es la clave: no se trata de elegir entre turismo y fe, sino de que el turismo sea una puerta de entrada a la experiencia religiosa. "Nadie debería vivir la Semana Santa en soledad", afirma con convicción, subrayando que estas celebraciones tienen una vocación inclusiva y evangelizadora.
Iniciativas como la participación de internos en la Procesión del Perdón o la reciente procesión infantil ejemplifican esa dimensión social y de esperanza que marca la Semana Santa en la diócesis. No son añadidos sentimentales, sino expresiones concretas de una fe que se encarna en la comunidad.
