52 años de prisión por violar a cuatro mujeres entre 2014 y 2018

52 años de prisión por violar a cuatro mujeres entre 2014 y 2018

La Audiencia Provincial de Málaga condena al sacerdote a más de cinco décadas de prisión por haber drogado y violado a cuatro mujeres.

La Audiencia Provincial de Málaga ha dictado sentencia condenando al sacerdote, conocido como padre Fran, a un total de 52 años de prisión por haber drogado y violado a cuatro mujeres entre 2014 y 2018. La decisión fue emitida el 9 de julio de 2026. El tribunal ha establecido, "sin ningún género de dudas", que el Obispado de Málaga, bajo la dirección de Jesús Catalá, es responsable civil subsidiario y debe indemnizar a las víctimas con 400.000 euros por daños morales.

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La sentencia impone al sacerdote tres delitos continuados de abuso sexual con penetración, cada uno con pena de 12 años de prisión, además de un alejamiento de las víctimas durante 13 años. Se le ha condenado también por un cuarto delito continuado de abuso sexual, que conlleva cuatro años de cárcel y prohibición de acercamiento durante cinco años. Igualmente, se le imponen penas por cuatro delitos continuados de descubrimiento y revelación de secretos, con tres años de prisión por cada uno. Tras cumplir su condena, estará bajo libertad vigilada durante siete años.

El Pontífice deberá indemnizar a las cuatro víctimas con un total de 403.129 euros por las secuelas psíquicas y los daños morales sufridos. Los magistrados han argumentado que las víctimas mantenían una relación espiritual con el acusado, vinculando su conducta delictiva a su condición de sacerdote. La Audiencia ha subrayado que no se puede desvincular la conducta del sacerdote de su función religiosa, que utilizó para generar confianza en las víctimas y evitar que sospecharan de él.

El tribunal ha criticado la falta de vigilancia por parte del Obispado, señalando que la conducta del sacerdote era "absolutamente desordenada" y que había generado rumores que debieron ser conocidos por la Iglesia. La sentencia enfatiza que "nada excluye la responsabilidad" del Obispado, que no solo falló en su deber de supervisión, sino que también eligió inadecuadamente a la persona para desempeñar funciones de párroco.

El caso se destapó cuando la pareja del sacerdote encontró grabaciones de las agresiones en un disco duro externo en su hogar en Melilla. Tras comunicarlo a otro sacerdote y posteriormente a un amigo policía, se inició una investigación en 2023, momento en que las víctimas tomaron conciencia de lo sucedido. La sentencia ha señalado que resulta "incomprensible" que la novia del sacerdote optara por informar a la Iglesia antes que a las autoridades competentes.

Los magistrados han considerado que el sacerdote utilizó una sustancia no identificada para drogar a sus víctimas, provocando en ellas un estado de somnolencia y pérdida de conciencia, que le permitió abusar de ellas sin su consentimiento. La sentencia destaca el "absoluto desprecio" del sacerdote por la dignidad de las mujeres, quienes no eran conscientes de lo que les estaba sucediendo ni podían defenderse.

La Audiencia Provincial ha valorado como "incuestionable" el valor probatorio de las grabaciones y fotografías presentadas, que demuestran la participación del sacerdote en los hechos delictivos, desarrollados en espacios eclesiales. Además, se ha confirmado que el acusado consumía y compartía sustancias tóxicas o psicotrópicas con su entorno.

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