La enseñanza del Prelado resalta la pobreza como un camino hacia la libertad y la fecundidad espiritual.
Fernando Ocáriz, Prelado del Opus Dei, ha dirigido un mensaje a los fieles de la Prelatura en el que profundiza en la virtud de la pobreza como instrumento esencial para alcanzar la libertad interior, el amor a Dios y la fecundidad apostólica. En su comunicación del 14 de junio de 2026, Ocáriz recurre a la enseñanza de San Pablo sobre el "bonus odor Christi" (cfr. 2Cor 2,15) para ilustrar la belleza de esta virtud evangélica.
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El Prelado trae a colación la doctrina de San Josemaría Escrivá, quien entendía la pobreza no como mera renuncia material, sino como expresión del amor que Cristo ha revelado. Según Ocáriz, la elección de Cristo de nacer, vivir y morir en la pobreza manifiesta la grandeza de un corazón entregado a la voluntad del Padre. "El Hijo de Dios, pudiendo poseerlo todo, eligió el camino de la humildad y del anonadamiento" (cfr. Flp 2,6-8), subraya el Prelado, presentando esta decisión divina como modelo que los cristianos deben imitar en sus propias vidas.
Los santos constituyen, a juicio de Ocáriz, testimonio vivo de cómo la pobreza puede ser experimentada como plenitud y no como carencia. "El alma que se desprende de las ataduras desordenadas comienza a experimentar una libertad nueva: la libertad del amor", afirma, destacando que la búsqueda de Dios relativiza las riquezas materiales y permite descubrir el verdadero tesoro que la vida requiere (León XIV, Mensaje, 16-XI-2025). Esta transformación del corazón abre nuevas perspectivas sobre lo que realmente importa.
El Prelado reconoce que las formas concretas de vivir la pobreza varían según las circunstancias de cada persona. Lo que resulta necesario para uno puede ser superfluo para otro. Esta realidad exige una conciencia bien formada y una disposición genuina para practicar la pobreza, incluyendo la humildad de buscar consejo cuando surgen dudas sobre decisiones económicas o financieras.
Cuando la virtud de la pobreza echa raíces en la vida de una persona, sostiene Ocáriz, el corazón se aligeran y se eleva hacia la contemplación con mayor naturalidad. "El alma aprende a reconocer mejor los toques suaves y delicados del Espíritu Santo", lo que genera una existencia colmada de paz y alegría, independiente de las circunstancias externas (cfr. Jn 14,27). Esta libertad interior es fruto de haber puesto el corazón en lo que verdaderamente perdura.
El mensaje aborda también la mentalidad predominante en numerosos ambientes que identifica la felicidad con el bienestar material. Ocáriz recuerda que la vocación cristiana no consiste en rechazar el mundo, sino en amarlo y transformarlo desde dentro. Para ello, es imprescindible ser almas contemplativas, como enseñaba San Josemaría: "La llamada divina tiene una finalidad muy concreta: meterte en todas las encrucijadas de la tierra, estando tú bien metido en Dios" (En diálogo con el Señor, n. 11). Solo así el cristiano puede ser fermento de transformación en la sociedad.
El Prelado exhorta a los fieles a convertirse en la tierra buena de la parábola del sembrador, donde la palabra de Dios fructifica abundantemente. Advierte que si la semilla cae en un corazón asediado por preocupaciones materiales, pierde su capacidad de dar fruto y la persona se vuelve menos disponible para Dios y para el servicio a los demás. "Procuremos evitar con decisión, en lo grande y en lo pequeño, que la cultura materialista ahogue la tierra buena de nuestro corazón", exhorta Ocáriz, recordando que el descuido de la pobreza puede enfríar el ardor apostólico y la entrega al amor de Dios en las almas.
Finalmente, Ocáriz anima a los fieles a avanzar en su conversión personal, lo que redundará en un amor más profundo hacia Dios y en mayor eficacia para llevar su mensaje al mundo. "Pongamos este deseo en manos de nuestra Madre, para que ella nos enseñe a descubrir siempre de nuevo la belleza de una vida pobre y plenamente entregada al amor de Dios", concluye el Prelado, quien también solicita oraciones por el Santo Padre y sus intenciones, particularmente por la difusión de su primera encíclica y los frutos de su viaje apostólico a España.
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