La Institución Teresiana acoge a presos de Jaén II en una experiencia marcada por la oración, la comunidad y la esperanza.
La Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Jaén celebró una jornada de convivencia con internos del centro penitenciario “Jaén II” en la Institución Teresiana de Linares. Este encuentro se caracterizó por la espiritualidad, el acompañamiento y la vivencia comunitaria.
La actividad, desarrollada el 22 de marzo, reunió a un grupo de presos junto a voluntarios de la pastoral en una iniciativa anual que busca ofrecer espacios de encuentro y esperanza fuera del entorno penitenciario.
La jornada comenzó con una visita guiada por el patrimonio minero de Linares, dirigida por Isaac, miembro de la Institución Teresiana, quien propuso un recorrido simbólico del camino cuaresmal. A través de las distintas minas, los participantes conectaron la experiencia con pasajes evangélicos: “iniciamos con el símbolo del agua en la mina donde se lavaba el mineral extraído”, evocando “el agua viva de la samaritana”.
Uno de los momentos más significativos se vivió al adentrarse en una galería minera completamente a oscuras. Allí, al apagarse las luces, los asistentes tomaron conciencia de la dureza del trabajo de los mineros, mientras que al salir a la luz “nos recordó al ciego de nacimiento curado por Cristo”.
El recorrido concluyó en la mina de San Vicente, donde seis mineros fallecieron en un accidente hace casi seis décadas. En ese lugar, el grupo vivió un momento de oración y silencio que les llevó a contemplar “la muerte y resurrección de Lázaro, como signo de la salvación y vida de Jesús”.
Tras la visita, la convivencia continuó en el Centro Cultural Pedro Poveda, donde compartieron una comida fraterna. Para muchos internos, las tradicionales migas “supieron a gloria”, en un ambiente de cercanía y alegría.
El encuentro alcanzó uno de sus momentos más emotivos durante el café, cuando varios familiares de los internos se sumaron a la jornada. Una de las intervenciones más destacadas fue la de la pareja de uno de los presos, antigua alumna del colegio de Teresianas, quien relató con emoción cómo reconocía en esa experiencia “la acogida de la Institución Teresiana a los presos de la cárcel”, conectándolo con el legado de San Pedro Poveda.
Sus palabras ayudaron a que los participantes se reconocieran “como comunidad que acoge a Cristo en los últimos de nuestra sociedad” y reafirmaran que “la comunidad es la que mantiene la esperanza a pesar de tantas noticias de guerra y desamparo”.
La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el sacerdote salesiano J. González, capellán de la prisión, que fue vivida como acción de gracias por todo lo compartido.
Desde la Pastoral Penitenciaria se subraya que este tipo de iniciativas hacen visible “la presencia de Cristo servidor entre los muros de una cárcel”, recordando que también en los internos “late y brilla el rostro de Dios”.
Una experiencia que, un año más, ha puesto de relieve el valor del acompañamiento, la dignidad de cada persona y la fuerza transformadora de la fe vivida en comunidad.
