El Papa ha dejado en el Congreso de los Diputados un mensaje directo sobre la vida, la familia, la educación, la inmigración, la paz, la libertad religiosa y la responsabilidad moral de quienes legislan.
«La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización».
«Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia».
«Cuando [la defensa de la vida] se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona».
«Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada».
«Una ley alcanza su verdadera grandeza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse».
«La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario».
«La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación».
«Las armas pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera».
«La fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública».
«Junto a las respuestas técnicas y las reformas legales, hace falta también una renovación moral».
«La vida humana jamás puede ser tratada como mercancía».
«La razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente».
«La dignidad [humana] precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento».
«Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades?».
«Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen una especial obligación de custodiar la palabra».
«Toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana».
«Cuando [la dignidad humana] permanece viva, el derecho se convierte en amparo de todos y en garantía frente a la imposición de intereses y agendas particulares».
«La autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad».
«El bien común no consiste en la mera suma de intereses particulares».
«Cuando el bien común deja de ser horizonte compartido, la acción pública corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales».
«La familia será siempre la primera escuela de humanidad».
«Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones».
«La colaboración [entre instituciones educativas y familias] ha de respetar siempre el “derecho primario e inalienable” de los padres a “elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos”».
«La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas».
«Ninguna nación puede afrontar por sí sola un desafío [migratorio] de esta magnitud».
«Toda guerra constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar».
«La verdadera seguridad nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional».
«Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos».
«Ser libre no significa únicamente estar libre de coacciones o disponer de muchas posibilidades de elección; significa poder reconocer el bien y adherirse a él responsablemente».
«La legítima autonomía del orden temporal jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso».
«Toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes».
«La dignidad, la justicia y el bien común deben ser la medida de las relaciones sociales».
«La tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza».
«Las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse sobre el sentido de la vida y la dignidad de cada persona».
«El extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad».
«Los pobres pertenecen plenamente a la comunidad».
«La paz reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto».
«La unidad verdadera no uniforma, sino que cohesiona en la diversidad».
«La libertad de pensamiento, de conciencia y de religión es un derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas».
«La altura de miras consiste precisamente en mirar con más hondura aquello que está en juego en cada decisión pública».
«Toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso».
«Que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza».