La archidiócesis ha creado una comisión de emergencia que trabaja con las parroquias para ofrecer asistencia material y acompañamiento espiritual a las víctimas.
El padre Nelson Molina, coordinador de la comisión de emergencia de la archidiócesis de Caracas, ha compartido su testimonio sobre la situación que enfrentan miles de familias en Venezuela tras los dos potentes terremotos que sacudieron el país el 24 de junio. Con magnitudes de 7,2 y 7,5, las sacudidas se produjeron a escasos segundos de diferencia y dejaron una estela de destrucción en varias regiones ya afectadas por una grave crisis económica y social. Según el último informe oficial, al menos 3.685 personas han perdido la vida y más de 16.700 han resultado heridas.
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La respuesta de la Iglesia católica ha sido inmediata. La archidiócesis de Caracas ha establecido una comisión especial, liderada por el obispo auxiliar Mons. José Manuel León, que trabaja en estrecha colaboración con las parroquias y los equipos sobre el terreno para ofrecer una respuesta integral a los afectados.
El padre Molina ha señalado que uno de los principales retos que enfrenta la población es el sentimiento de abandono por parte de las autoridades civiles, cuya respuesta ha sido lenta. «La ayuda proveniente de otros países llegó antes que la de nuestras propias autoridades», ha afirmado. Este contexto ha llevado a muchos ciudadanos a actuar por su cuenta, mostrando una generosidad notable e incluso retirando escombros con sus propias manos.
El sacerdote ha relatado una experiencia vivida el primer día tras el desastre, cuando un padre de familia logró escapar de un edificio en ruinas con su hijo pero no pudo salvarlo. «Es una tragedia humana inmensa», ha expresado, y ha subrayado que muchas personas han perdido todo lo que tenían. En su parroquia, alrededor de 300 personas se refugiaron, incluidos numerosos niños que, aterrorizados, se encontraban acostados en el suelo de la iglesia.
En La Guaira, una de las áreas más devastadas, algunos sacerdotes han perdido a la mayoría de sus feligreses. «He escuchado el testimonio de un sacerdote que ha perdido a doce de los catorce miembros de su coro», ha comentado el padre Molina.
Los sacerdotes, que también han sido afectados por la tragedia, continúan su labor pastoral. El padre Molina ha enfatizado la importancia de acompañar a las víctimas no solo con ayuda material, sino también con apoyo espiritual. «Nuestra primera misión es clara: es espiritual. Debemos acompañar este proceso doloroso de duelo», ha afirmado, reconociendo que a veces las palabras no son suficientes para consolar a quienes han perdido a sus seres queridos.
A pesar de la magnitud de la catástrofe, el padre Molina ha manifestado que la esperanza no se ha perdido. «Hay miles de rescatistas en el lugar, y estamos tratando de brindarles apoyo espiritual y material», ha declarado. La solidaridad y la fe de la población han servido de sostén en medio de la tragedia. «El poder de la oración es inmenso; un pueblo unido en la oración puede generar milagros», ha concluido, pidiendo que no se olvide al pueblo venezolano.
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