La decisión de las autoridades israelíes de prohibir la celebración de la Misa en el Santo Sepulcro ha generado una fuerte reacción diplomática a nivel internacional.
En la mañana del Domingo de Ramos, el cardenal Pierbattista Pizzaballa no pudo acceder al Santo Sepulcro debido a una decisión de las autoridades israelíes, lo que ha provocado una respuesta política significativa, liderada por Italia. El ministro de Asuntos Exteriores italiano, Antonio Tajani, convocó al embajador de Israel en Roma, un acto que se considera una protesta oficial. Desde el Gobierno italiano, se ha calificado la decisión como “inaceptable”. La primera ministra Giorgia Meloni afirmó que impedir la celebración de la Misa en este lugar sagrado es “una ofensa a los fieles” y “una violación del principio de libertad religiosa”.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se unió a las críticas, denunciando una “multiplicación de violaciones del statu quo en Jerusalén” y enfatizando que “el libre ejercicio del culto debe estar garantizado para todas las religiones”. Su apoyo explícito al Patriarca latino indica que este incidente ha sido percibido como más que un simple hecho aislado. Desde España, el presidente Pedro Sánchez también se pronunció, afirmando que “Israel ha impedido a los católicos celebrar el Domingo de Ramos en Jerusalén sin explicación alguna, sin razones ni motivos”, y calificando lo sucedido como “un ataque injustificado a la libertad religiosa”.
Las críticas también han llegado desde Estados Unidos, donde el embajador en Israel, Mike Huckabee, describió la decisión como “difícil de entender o justificar”, calificándola de “extralimitación injustificada”. Huckabee subrayó que la delegación eclesiástica que intentaba acceder al Santo Sepulcro era de solo cuatro personas, muy por debajo de los límites establecidos por las autoridades israelíes.
En el ámbito político italiano, el viceprimer ministro Matteo Salvini calificó el episodio de “inaceptable y ofensivo”, alineándose con la postura oficial del Gobierno. En Francia, el político Jean-Luc Mélenchon acusó directamente al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de “perseguir a los cristianos de Oriente”, una afirmación sorprendente dada su conocida postura anticatólica.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha negado cualquier intención hostil, asegurando que la decisión se basó exclusivamente en “razones de seguridad” y que no hubo “ninguna intención maliciosa”. Sin embargo, el presidente del Estado de Israel, Isaac Herzog, se vio obligado a intervenir, expresando al cardenal su “profundo pesar” por lo sucedido. Este conjunto de reacciones indica un cambio significativo, ya que no se trata solo de críticas políticas, sino de una crisis que ha activado mecanismos diplomáticos formales, con acusaciones claras de vulneración de la libertad de culto y de ruptura del equilibrio histórico en los Santos Lugares.
La convocatoria del embajador por parte de Italia marca un punto de inflexión que no puede ser ignorado en el contexto actual.
