El Cardenal Pizzaballa aboga por Jerusalén como patrimonio común de la humanidad

El Cardenal Pizzaballa aboga por Jerusalén como patrimonio común de la humanidad

El Cardenal Pizzaballa reflexiona sobre la importancia universal de Jerusalén en un contexto de conflicto.

El Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, ha emitido una carta pastoral en la que aborda la misión de la Iglesia en Tierra Santa en medio de la actual situación de guerra. En este documento, titulado Regresaron a Jerusalén con gran alegría, el cardenal enfatiza que Jerusalén no debe considerarse un botín de guerra, sino un patrimonio de la humanidad que pertenece a todos.

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La carta, publicada el 27 de abril de 2026, se centra en las repercusiones de los atentados terroristas perpetrados por Hamas el 7 de octubre de 2023, y propone un camino espiritual y comunitario para los cristianos que residen en la región. Pizzaballa destaca que “el corazón del mundo está en Jerusalén”, recordando que la ciudad es un destino de peregrinación para millones de personas cada año. Su ausencia reciente, debido al conflicto, pone de manifiesto la relevancia universal de la ciudad.

El Cardenal Pizzaballa describe un entorno marcado por el sufrimiento y la polarización, donde la deshumanización del otro y la fragmentación social son cada vez más evidentes. En este contexto, advierte sobre la pérdida de significado de conceptos fundamentales como “diálogo” y “justicia”, que parecen vacíos ante la violencia que se vive en la actualidad.

En respuesta a esta situación, el Patriarca propone una visión bíblica de Jerusalén como una ciudad abierta, destinada a acoger y reconciliar. Subraya que su misión es “sanar al mundo”, y que los cristianos deben ser agentes activos en sus sociedades, ya sean árabes, israelíes, jordanos o migrantes, actuando como “sal, luz y fermento” desde dentro.

El documento también hace hincapié en la necesidad de rechazar la violencia y la exclusión, aunque aclara que este rechazo no debe ser una condena a las personas, sino a los sistemas que niegan la dignidad humana. “La ciudad con puertas abiertas no expulsa, pero define claramente lo que es incompatible con su existencia”, señala el cardenal.

En la parte final de la carta, Pizzaballa ofrece orientaciones prácticas para las comunidades cristianas, destacando la importancia de la oración y la liturgia, así como el papel de las familias y las escuelas en la formación de una nueva humanidad. Resalta que “la oración no es un medio, es un encuentro”, y que las escuelas deben ser “laboratorios de convivencia y diálogo”. También subraya el valor de las obras sociales como espacios de encuentro entre diferentes religiones y la necesidad de fomentar el diálogo ecuménico e interreligioso.

A pesar del contexto adverso, el Cardenal Pizzaballa invita a los fieles a mantener la esperanza y a no caer en el escepticismo. “La pregunta no es cómo escapar del conflicto, sino cómo vivir en él como creyentes”, afirma. Finalmente, recuerda a los fieles que deben “volver a Jerusalén con alegría”, una alegría fundamentada en la certeza de que “la luz vence a la oscuridad y el amor desarma el odio”, confiando este camino a la intercesión de la Virgen María.

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Silvia Guerrero
Justo ahora
La historia de Jerusalén ha sido marcada por disputas y conquistas, pero el llamamiento del Cardenal Pizzaballa a considerarla un patrimonio común resuena más que nunca en tiempos de polarización. La verdadera lucha no es solo por la tierra, sino por preservar su esencia como un espacio de encuentro y reconciliación entre diversas identidades y creencias. Si no cultivamos el diálogo y la dignidad humana, el riesgo de convertirnos en cómplices silenciosos del odio se vuelve inminente.
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