El 12 de abril de 2026, la Iglesia celebrará el Domingo de la Divina Misericordia, festividad que invita a los fieles a profundizar en la confianza en Dios y en su infinita misericordia.
Esta fiesta tiene lugar el domingo siguiente a la Pascua de Resurrección. San Juan Pablo II la estableció en el año 2000, basándose en las revelaciones de Santa Faustina Kowalska, quien recibió el encargo de difundir el mensaje de la misericordia divina. La devoción se expandió notablemente tras la beatificación de Santa Faustina el 18 de abril de 1993 y su canonización el 30 de abril de 2000, así como por las peregrinaciones de Juan Pablo II a Lagiewniki en 1997 y 2002.
Durante la canonización, el Papa Juan Pablo II afirmó: "Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de 'Domingo de la Divina Misericordia'". Benedicto XVI y el Papa Francisco han reafirmado este legado, consolidándolo como un pilar de la fe contemporánea.
La imagen de Jesús Misericordioso simboliza la esencia de esta devoción. La misericordia de Dios es incondicional y transforma la vida de los creyentes. Confiar en Dios no significa que todo saldrá bien, sino creer que Él nunca abandona a sus hijos. Este es el mensaje central que Jesucristo confió a Santa Faustina: acercarse a su misericordia sin temor a los pecados.
Vivir este domingo no requiere un programa complicado. Asistir a la Santa Misa es fundamental: las lecturas de este día, que incluyen el relato de Tomás, hablan a cada fiel. Se recomienda también rezar la Coronilla de la Divina Misericordia, oración que Santa Faustina compuso a petición de Jesucristo, especialmente significativa a las tres de la tarde, la hora de la muerte del Señor.
