Devotos de temporada

Devotos de temporada

Miguel P. Herrador

Columnista de Opinión Religiosa

Hay algo que chirría. Y mucho.

Llega la Semana Santa y las calles se llenan. En Córdoba —y en media Andalucía— no cabe un alfiler. Trajes impecables, miradas emocionadas, silencios solemnes, incienso perfumando las calles... Todo parece perfecto. Todo parece fe. Pero no lo es.

Porque esa misma multitud que se agolpa ante un paso desaparece el domingo en la misa. Esa devoción encendida ante mi Cristo o mi Virgen cuando pasa por las calles de la ciudad, se apaga en cuanto hay que arrodillarse ante el Sagrario. Mucho incienso en la calle… y muy poco en el alma. Y ahí está la herida. Como dice Isaias: “Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí”.

La Semana Santa no es folclore. No es estética. No es una tradición bonita para lucirse unos días al año. Es la culminación de la Cuaresma. Es el corazón de la fe cristiana: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Si eso no transforma la vida, todo lo demás es teatro.

Sí, las procesiones son buenas. Son necesarias. Son una catequesis viva que ha sostenido la fe de generaciones. Pero cuando se convierten en un sustituto de la vida cristiana —y no en su expresión—, algo se ha roto; “El fundamento de toda verdadera cultura es la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle” (Benedicto XVI). La fe cristiana se hizo cultura y pervivió pero si solo nos quedamos con la cultura… La Fe puede morir… a manos de la cultura.

No se puede vivir de espaldas a Dios once meses y medio y pretender arreglarlo en una semana de emociones intensas. No se puede amar a Cristo en la imagen y despreciarlo en la Eucaristía. No se puede presumir de devoción y olvidar los mandamientos, la caridad, la oración…

Eso no es fe. Es hipocresía.

Y no pasa nada por decirlo.

Porque la fe no se mide por lo que se ve en la calle, sino por lo que sucede en lo escondido. En el silencio. En la vida diaria. En el esfuerzo por convertirse, por rezar, por amar mejor.

La Semana Santa no necesita más público. Necesita más conversión.

Menos aplauso vacío… y más corazones llenos.

Iglesia Noticias no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.
Comentarios
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Manuel Jesús
1 semana hace
Ver problemas donde hay oportunidades Benditas cofradías, hermandades y procesiones que han hecho que en sus ciudades hablar de Jesús y de María no sea una cosa extraña y de gente inculta. Que puedas sacar una imagen de la Virgen en durante un examen en una universisad pública y que nadie lo vea raro, que tengas las calles cuajadas de azulejos a los que poder dirigir la mirada y elevarte en oración, que los seminarios tengan más vocaciones que la media (porque en Sevilla muchas provienen de hermandades), que se partan la cara por conseguir dinero para los conventos de clausura o becas para el seminario… Que sí, que hay gente que no se entera de nada, pero… ¿Pero, y si el problema es nuestro, de los que supuestamente si nos enteramos? Quizá no rezamos lo suficientemente por ellos o no nos metemos en el mundo cofrade para acercarlos más a la fe.
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Joaquín Guillén
2 semanas hace
Visibilidad de la Fé Esas procesiones o manifestaciones populares con todos sus peros cubren sin embargo en cierto modo la falta de visibilidad de la Iglesia en las calles en la vida cotidiana. Ya no se ven por desgracia a sacerdotes, monjas o frailes en las calles mostrando lo que son y lo que representan, por unas razones u otras. Esas procesiones populares muestran todavía públicamente que el Señor existe y su Iglesia. Quizás mas de uno ha vuelto a creer abriendo su corazón de nuevo a aquello de que le hablaron de niño al ver las imágenes, la Cruz, el sacrificio redentor..., y lo interioriza de nuevo. No todo es negativo.
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Sergio
2 semanas hace
Ellos son… Ellos son las mujeres de Jerusalén, las masas que lo seguían antes del discurso eucarístico, ellos son la Samaritana, los publicanos y pecadores. Ellos son, somos, los que esperan la resurrección, y los que solo pueden salvarse por la misericordia de Dios; sepan e intenten buscarlo en la Eucaristía o sólo sean capaces de verlo aún en las imágenes que salen por la calle….
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Lefebriano romano
2 semanas hace
Habla el vino Las estaciones son necesarias para la floración, el cuaje y la maduración del fruto. Por sus obras lo conoceréis…
Espero que algún día esos devotos de primavera, en los que la flor de las procesiones dan paso al cuaje de la pascua puedan tener el fruto que el señor espera de nosotros. La higuera no pudo y se secó. Ánimos cofrades blanqueados como sepul….
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Raúl Padilla
2 semanas hace
Es inaceptable que la fe se reduzca a un espectáculo que solo dura una semana. Si las calles se llenan pero las iglesias vacías, hay que repensar qué valor realmente le damos a nuestra espiritualidad. La verdadera devoción no puede ser estacional; necesitamos vivir la fe cada día con amor y compromiso genuino.
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