¿Quién como Dios?. Una pregunta para el hombre moderno

¿Quién como Dios?. Una pregunta para el hombre moderno

Miguel P. Herrador

Columnista de Opinión Religiosa


Hoy es la fiesta de San Miguel Arcangel. Hay nombres que son ya una pregunta. El de San Miguel es uno de ellos: Quis sicut Deus? ¿Quién como Dios?

La pregunta atraviesa toda la historia del hombre. Pero posiblemente hoy sea más necesaria que nunca...

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Pienso que tenemos una extraña tendencia a querer ocupar el lugar de Dios. Queremos controlar nuestra vida, nuestro futuro, nuestras circunstancias, nuestra imagen, nuestras relaciones e incluso nuestra propia identidad. Queremos decidir qué es bueno y qué es malo, qué es verdad y qué no lo es. Queremos que la realidad se adapte a nosotros.

Pero el hombre no es Dios.

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Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, que es algo infinitamente enorme. Tenemos una dignidad que ninguna criatura puede arrebatarnos. Pero precisamente por eso no necesitamos convertirnos en aquello que no somos. Somos criaturas. Y ser criatura no es una humillación; es nuestra verdad.

Quizá una de las grandes soberbias de nuestro tiempo consista en haber convertido al hombre en la medida de todas las cosas. Si algo lo siento, debe ser bueno. Si algo me apetece, debe ser legítimo. Si algo me incomoda, debe ser falso. Si yo pienso que algo es así, ¿quién puede decirme lo contrario?

Pero una emoción puede ser auténtica y, sin embargo, no ser un criterio de verdad. Una apetencia puede ser intensa y no por eso ser buena. Una sensación puede decirnos mucho de nosotros mismos y, al mismo tiempo, engañarnos.

El cristiano no tiene que inventarse el camino. Tiene que aprender a reconocerlo. Cristo no dijo «yo te indicaré un camino», sino: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6).

Por eso necesitamos volver una y otra vez al Evangelio. Mirar a Cristo. Aprender de Él qué es la verdad, qué es el bien, qué significa amar y cómo se vive. No se trata de dejar de pensar, sino dejar de colocarnos a nosotros mismos como medida última de la realidad.

San Miguel nos recuerda hoy que hay una batalla mucho más antigua que cualquiera de las nuestras: la batalla contra la soberbia de querer ser como Dios.

Frente al non serviam de quien no quiere reconocer a nadie por encima de sí, el cristiano puede responder con una palabra que no es servidumbre, sino libertad: Serviam.

Serviré.

Dios es Dios. Y yo, criatura.

Y descubrirlo no me hace menos grande. Me devuelve, sencillamente, mi verdadera grandeza.

Serviam.

La Redacción pregunta

Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.

¿Crees que la sociedad actual tiende realmente a colocarse a sí misma como medida de todas las cosas, o consideras que esta reflexión simplifica demasiado la realidad contemporánea?

¿Qué significa para ti reconocer tu condición de criatura en un mundo que te anima constantemente a tomar el control de tu propia vida?

Tu opinión es importante. Comparte tu punto de vista con respeto.

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