La iglesia de San Antonio de Padua en Jaffa fue víctima de vandalismo que destruyó estatuas religiosas y cruces en su interior.
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La iglesia de San Antonio de Padua, ubicada en Jaffa, en la aglomeración de Tel-Aviv, fue objeto de un acto de profanación y vandalismo el domingo 16 de agosto de 2026. Durante la mañana, se reportaron daños significativos en el interior del templo, donde varias estatuas fueron derribadas y destruidas, y se encontraron cruces rotas tanto en las sillas como en el suelo. La policía israelí inició una investigación y, al día siguiente, detuvo a un sospechoso.
Este ataque tuvo lugar en la iglesia católica, construida en 1932 y dedicada a San Antonio de Padua, un franciscano portugués y doctor de la Iglesia. La iglesia pertenece a la parroquia latina de Jaffa y atiende a la comunidad católica local. Según el Patriarcado latino de Jerusalén, el templo se sitúa en el suroeste de Tel-Aviv-Jaffa.
Los agentes del comisaría de Jaffa se desplazaron rápidamente al lugar, acompañados por miembros de la policía científica para recoger pruebas. Las constataciones realizadas revelaron que "varias estatuas" habían sido derribadas y destrozadas, así como cruces rotas, algunas de las cuales estaban abandonadas sobre las sillas y otras en el suelo. Fotografías publicadas por la policía israelí documentan los daños sufridos en el interior del templo.
Las autoridades policiales llevaron a cabo diversas operaciones de investigación que les permitieron identificar a un sospechoso, un joven de unos veinte años residente en Jaffa. Este individuo fue arrestado y trasladado a la comisaría para ser interrogado. Sin embargo, la policía no ha revelado su identidad, edad exacta ni las motivaciones que podrían haber llevado a la destrucción de los objetos religiosos.
En redes sociales, se han difundido afirmaciones que sugieren declaraciones sobre el respeto al Islam hacia la Virgen María y la prohibición de imágenes. No obstante, estas frases no se encuentran en el comunicado oficial de la policía israelí, y las autoridades no han aclarado la religión del sospechoso. Por lo tanto, no es posible, en este momento, considerar estas declaraciones o un posible móvil religioso como hechos confirmados.
Lo que sí está documentado es la naturaleza de las destrucciones, que se centraron en representaciones religiosas y cruces dentro de un lugar de culto católico. La iglesia de San Antonio de Padua representa desde hace casi un siglo la presencia católica en Jaffa, congregando fieles de diversas procedencias en torno a los hermanos franciscanos.
Para los católicos, una cruz o una imagen de Cristo y los santos no son meros adornos, sino elementos sagrados que ocupan un lugar central en la oración y la celebración de los sacramentos. La profanación de estos objetos en el interior de la iglesia constituye una ofensa directa a lo que los fieles consideran sagrado. La investigación ahora se centra en esclarecer las motivaciones del sospechoso y las circunstancias que llevaron a este acto de vandalismo.
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