El cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, ha enfatizado la importancia de que la justicia busque la plena reinserción social y humana de los condenados durante la misa celebrada en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, con motivo de la apertura del año judicial del Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano.
Durante su homilía, el cardenal Pietro Parolin subrayó que, al igual que la justicia divina se manifiesta a través del «cuidado, amor, salvación y perdón del pecador arrepentido», la justicia humana debería centrarse en potenciar la «finalidad educativa de la pena». No obstante, advirtió que este propósito suele verse comprometido por la insuficiencia de recursos destinados a los centros penitenciarios.
El cardenal extendió su reflexión a los sistemas judiciales de diversas naciones, señalando que, pese a las declaraciones que promueven la reeducación como fin de la sanción penal, en la práctica se aplican medidas que «mortifican» la verdadera esencia de la justicia, que es la «recuperación humana y social del condenado».
Al referirse al sexto capítulo del Libro del profeta Oseas, destacó que la justicia de Dios actúa como una «luz» que guía la historia del pueblo de Dios y de cada individuo. Subrayó que no se trata de una mera sucesión de castigos, sino de un proceso de cuidado y corrección que permite a cada persona crecer en comunión con Dios.
Las lecturas del día, que incluyeron pasajes del Libro de Oseas y del Evangelio según San Lucas, se centraron en el aspecto «correctivo» de la justicia divina. En el relato evangélico, Jesús presenta la parábola del publicano y el fariseo que suben al templo a orar, donde el primero es «justificado» y el segundo «declarado culpable». Según el cardenal, esta parábola invita a trascender la lógica retributiva de la justicia, predominante en la revelación bíblica, especialmente en el Antiguo Testamento.
El cardenal Parolin explicó que el propósito de la justicia divina no es simplemente evaluar méritos o culpas de manera fría, sino corregir a las personas en su interior y guiarlas hacia una conversión genuina al Señor, lo que implica un cambio de corazón y el reconocimiento humilde de las propias faltas.
Este «reflejo de la justicia divina», que resalta la necesidad de una finalidad reeducativa en la pena, debe ser aún más patente en el marco jurídico del Vaticano. La reinserción del condenado en la comunidad, una vez cumplida su pena, no debe considerarse una mera formalidad, sino que debe ocupar un lugar central en el sistema judicial.
El cardenal recordó asimismo que el objetivo del Derecho canónico es la «salvación de las almas» y que el bien de las personas debe ser siempre la ley suprema de la justicia terrenal. Para alcanzar esta meta, los operadores de justicia deben ser «intérpretes» y «responsables» de esta misión; no basta con la formación técnica, sino que resulta esencial haber recorrido un «camino personal y espiritual de conversión».
Concluyó que solo quienes han experimentado las dificultades y alegrías de un continuo proceso de conversión, alimentado por una relación íntima con el Señor, pueden desempeñar el papel de «operadores de justicia» sin caer en la actitud del fariseo. Además, destacó que la Cuaresma es un «tiempo favorable» para iniciar o retomar este camino, confiando su protección a la intercesión de la Virgen María, a quien describió como «espejo de la justicia».
