El Papa anima a renovar cada día la vocación sacerdotal y a vivir la santidad desde la unión con Jesús, la fraternidad y el servicio al pueblo de Dios.
León XIV ha dirigido un mensaje a los sacerdotes con motivo de la Jornada por la Santificación Sacerdotal, celebrada este 12 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en el que les exhorta a vivir la santidad como una dimensión esencial de su ministerio y a dejarse modelar por el Corazón de Cristo. El Pontífice recuerda que la llamada a la santidad no constituye una opción secundaria, sino que forma parte de la identidad misma de quien participa en la vida del Resucitado.
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El Papa abre su mensaje evocando las palabras dirigidas por Dios al pueblo de Israel: «Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo». A partir de esta exhortación, señala que la santidad consiste en dejarse transformar por el amor de Dios y, de manera particular para los sacerdotes, en configurarse cada vez más con el Corazón de Jesús.
El Pontífice reconoce la paradoja que acompaña la vida sacerdotal: estar llamados a participar de la santidad de Dios pese a las limitaciones humanas. Recordando las palabras de San Pablo sobre el tesoro contenido en “vasijas de barro”, señala que los sacerdotes conocen el cansancio, las heridas y las debilidades, pero encuentran la paz en el costado abierto de Cristo.
La Ordenación sacerdotal, explica León XIV, configura al sacerdote con Cristo, pero exige una renovación constante mediante la celebración diaria de la Eucaristía, la oración, la meditación de la Palabra de Dios y el servicio humilde a los hermanos. Según indica, toda la existencia puede convertirse en lugar de encuentro con Dios, incluidas las alegrías, los fracasos y las fatigas cotidianas.
El Sumo Pontífice afirma que el mundo necesita pastores que ofrezcan el testimonio vivo de un corazón reconciliado más que simples palabras o programas. Una vida sacerdotal configurada con el Corazón de Jesús, añade, se convierte en signo creíble de unidad, paz y misericordia en una sociedad marcada por las divisiones y los temores.
El Sagrado Corazón de Jesús ocupa el centro de la reflexión del Papa. León XIV recuerda que la santidad no depende únicamente del esfuerzo ascético, aunque este sea necesario, sino de la adhesión confiada al amor manifestado en el costado traspasado de Cristo. Allí, señala, Dios revela una santidad que se expresa como entrega, cercanía y misericordia.
El Papa Prevost describe el Corazón de Cristo como la imagen por excelencia del amor divino, un amor capaz de transformar el dolor en gracia y el sufrimiento en esperanza. Por ello, anima a los sacerdotes a vivir una cercanía humilde y valiente con todos, manteniendo abiertas las puertas para que quienes buscan a Dios encuentren acogida, alimento espiritual y descanso.
La relación con Dios, insiste el Pontífice, no debe alejar a los sacerdotes de las personas, sino acercarlos más a ellas. Esa unión con Cristo debe forjar corazones pacientes, compasivos y capaces de escuchar. De este modo, afirma, el camino de santidad se realiza mediante la unión del corazón humano con el Corazón traspasado de Jesús.
León XIV dedica una parte significativa de su mensaje a la fraternidad entre sacerdotes. Les anima a buscarse, escucharse y sostenerse mutuamente, advirtiendo de los riesgos del aislamiento. «El sacerdote que se aísla, lentamente se apaga; el sacerdote que camina con los hermanos crece», escribe.
San Agustín es citado por el Papa para recordar que la caridad y la unidad constituyen signos esenciales de la auténtica vida cristiana. La fraternidad sacerdotal aparece así como un elemento indispensable para perseverar en el camino de la santidad y mantener viva la misión recibida.
El Santo Padre concluye invitando a todos los sacerdotes a renovar cada día su “aquí estoy” ante el Corazón de Cristo y a entregarse plenamente a Él para amar al pueblo de Dios con el mismo amor con que Jesús lo ama. También recuerda una expresión atribuida al santo Cura de Ars: «el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús».
La Virgen María, a quien encomienda a todos los sacerdotes, cierra el mensaje de León XIV. El Papa pide que la Madre de los sacerdotes les enseñe a conservar en su interior el misterio de Cristo y a hacer latir en ellos el Corazón del Salvador del mundo.
