La Santa Sede pide no amparar el discurso de odio en la libertad

La Santa Sede pide no amparar el discurso de odio en la libertad

El nuncio apostólico ante la ONU subraya que la libertad de expresión conlleva responsabilidades y rechaza que el discurso de odio pueda reclamar protección.

El arzobispo Christophe-Zakhia El-Kassis, nuncio apostólico y Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU, afirmó el 17 de septiembre de 2026 ante una conferencia de las Naciones Unidas que el discurso de odio "no puede reclamar la protección de la libertad". En su intervención, subrayó que la dignidad inviolable de cada persona, creada a imagen de Dios, impone un "imperativo moral" para rechazar toda forma de intolerancia, discriminación y discurso de odio que daña a la familia humana y socava las condiciones para una convivencia pacífica.

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El arzobispo El-Kassis advirtió que el discurso de odio, ya sea dirigido a individuos o grupos por motivos de religión, etnicidad, nacionalidad u otras características, contradice el mandamiento de amar al prójimo, envenena el debate público, alimenta la división y, con frecuencia, prepara el terreno para la violencia y la persecución. "La libertad de expresión es un derecho fundamental que debe ser protegido. Sin embargo, esta libertad conlleva responsabilidades correspondientes", añadió, con responsabilidades correspondientes que no pueden ignorarse.

Postura de la Santa Sede sobre libertad y responsabilidad

En su primera declaración desde su nombramiento como Observador Permanente ante la ONU, El-Kassis dejó claro que el discurso que incita deliberadamente al odio o a la violencia "no puede reclamar la protección de la libertad"; antes bien, erosiona las condiciones en las que la verdadera libertad puede florecer. Esta postura recoge una preocupación que otros representantes de la Santa Sede han expresado en años anteriores respecto al uso del término "discurso de odio".

Ya en 2018, el entonces nuncio Bernardito Auza condenó ese tipo de comunicación y advirtió que algunos gobiernos se sirven de las regulaciones contra el discurso de odio como pretexto para aplicar medidas discriminatorias o represivas contra quienes defienden la dignidad de la vida humana o la del matrimonio y la familia. En 2023, el arzobispo Paul Richard Gallagher, Secretario de Relaciones con Estados y Organizaciones Internacionales de la Santa Sede, señaló ante la Asamblea General de la ONU que el término "delito de odio" o "discurso de odio" se emplea de forma subjetiva y manipulada para silenciar la expresión de creencias religiosas, equiparando la práctica religiosa con la violencia. Gallagher calificó esa agenda como "deshonesta y políticamente motivada", especialmente grave en el contexto occidental, y pidió su cese.

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