El Papa León XIV ha lanzado un contundente mensaje por la paz durante su visita a Camerún, donde ha denunciado que “el mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”, en un contexto marcado por conflictos armados y graves crisis humanitarias.
En su segundo día en el país africano, el Pontífice se desplazó hasta Bamenda, en la región Noroeste, una de las zonas más castigadas por la violencia separatista desde hace casi una década. Allí presidió un encuentro interreligioso por la paz en la Catedral de San José, bajo fuertes medidas de seguridad.
Durante su intervención, el Papa alertó del peligro de quienes alimentan la guerra y denunció con firmeza la instrumentalización de la religión. “¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos!”, advirtió.
León XIV criticó también la lógica destructiva de los conflictos actuales, señalando que “basta un instante para destruir, mientras que a menudo ni toda una vida es suficiente para reconstruir”, y lamentó que se destinen enormes recursos a la guerra mientras faltan para la educación, la sanación y la reconstrucción.
En un contexto de sufrimiento prolongado, sus palabras fueron recibidas como un mensaje de consuelo y esperanza por una población exhausta por la violencia. El Pontífice quiso dirigirse especialmente a las víctimas, recordándoles que “Dios nunca nos ha abandonado” y que “en su paz siempre podemos volver a empezar”.
El encuentro estuvo marcado por testimonios que pusieron rostro al drama humano del conflicto. Denis Salo, padre de familia desplazado, relató cómo la violencia obligó a su familia a huir mientras “la muerte se volvía parte de la cotidianidad”. También intervino la religiosa Carine Tangiri Mangu, que narró su secuestro y cómo la fe sostuvo su esperanza en medio del cautiverio.
Ante estos relatos, el Papa expresó su cercanía y llegó a afirmar: “Estoy aquí para anunciar la paz, pero descubro que son ustedes quienes me la anuncian a mí y al mundo entero”.
León XIV quiso agradecer de forma especial la labor de quienes trabajan en primera línea, especialmente las mujeres, laicas y religiosas, que atienden a las víctimas del conflicto en condiciones extremas. Destacó su trabajo como una tarea “inmensa, invisible y cotidiana”, muchas veces expuesta al peligro.
El acto tuvo también un fuerte carácter ecuménico e interreligioso, con la participación de líderes cristianos y musulmanes que coincidieron en la necesidad del diálogo como única vía para superar la crisis. El Papa subrayó este esfuerzo conjunto y lo presentó como un signo de esperanza: comunidades distintas que, en medio del dolor, han sabido unirse para construir la paz.
El Pontífice insistió en que la paz no se impone, sino que se acoge, y recordó que solo es posible cuando se reconoce al otro como hermano. En este sentido, animó a los presentes a no olvidar lo que les ha unido en el sufrimiento y a seguir trabajando por la reconciliación.
La visita del Papa se produce en un contexto especialmente delicado. El conflicto en las regiones anglófonas de Camerún ha dejado más de 6.000 muertos y más de 600.000 desplazados desde 2017, según datos de organismos internacionales, en una crisis que sigue reclamando una solución justa y duradera.
Con este mensaje, León XIV refuerza una de las líneas centrales de su pontificado: la defensa de la paz, el diálogo y la dignidad humana frente a cualquier forma de violencia o instrumentalización del poder.
