El Papa recibió en el Vaticano a la Reunión de Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales y pidió valorar sus tradiciones.
León XIV recibió el 18 de junio de 2026 en el Palacio Apostólico del Vaticano a los miembros de la Reunión de Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales, ante quienes subrayó la importancia de las Iglesias católicas orientales y la necesidad de comprender mejor sus tradiciones.
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El Pontífice afirmó durante la audiencia privada que “las Iglesias Católicas Orientales tienen un gran don para ofrecer a toda la comunidad católica, que muchas veces desconoce las diversas tradiciones eclesiales presentes en sus fileiras”. Su intervención destacó el valor de esas tradiciones dentro de la vida de la Iglesia.
Las Iglesias católicas orientales conservan una riqueza espiritual que, según el Papa, debe ser conocida y apreciada por el conjunto de los fieles. León XIV advirtió de que la preservación del Oriente cristiano depende también de su comprensión.
El Papa sostuvo que “perder esa comprensión es empobrecer la Iglesia”. Con esta afirmación insistió en que la diversidad de tradiciones eclesiales no constituye una realidad marginal, sino un bien que debe ser reconocido y custodiado.
La formación en los seminarios fue uno de los puntos abordados por León XIV al hablar de los católicos orientales que se preparan para el clero. El Pontífice señaló que esta educación puede ayudar a los fieles a valorar su propia herencia y también la de la Iglesia ortodoxa oriental.
El Santo Padre destacó que “las comunidades católicas orientales preservan muchas de estas [riquezas espirituales], compartiéndolas con sus hermanos y hermanas en las Iglesias ortodoxas”. La referencia situó el patrimonio oriental en una perspectiva de comunión y reconocimiento mutuo.
Los católicos orientales, presentes en distintas tradiciones eclesiales, fueron presentados por León XIV como una ayuda para profundizar en esos tesoros espirituales. El Papa invitó a avanzar hacia la plena unidad con todas las Iglesias orientales.
La unidad en la diversidad apareció así como uno de los ejes de la intervención pontificia. León XIV vinculó el conocimiento de las tradiciones orientales con el diálogo interreligioso y con una mayor conciencia de la riqueza espiritual de la Iglesia.
Las regiones en conflicto estuvieron también presentes en el discurso del Papa, especialmente aquellas en las que los cristianos orientales sufren las consecuencias de la guerra. León XIV pidió orar por la paz y apelar a la conciencia de las personas.
Jesús, a quien el Papa llamó “el Señor de la paz”, fue invocado al final de la intervención. “Oremos a Jesús, el Señor de la paz, y apelemos a la conciencia de las personas para que sean movidas por la indignación; y que el respeto por la humanidad y el debido sentido de civilidad sean restaurados”, concluyó León XIV.
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