Un gesto inédito que refuerza los lazos entre la Corona y el Vaticano.
Último boletín
Un problema técnico en el avión de Iberia obligó al Papa León XIV a retrasar su regreso a Roma el pasado viernes. Tras detectarse una avería en el motor que no podía ser reparada de inmediato, el Rey Felipe VI puso a disposición del Pontífice su avión oficial Falcon para completar el trayecto hacia la capital italiana, en un gesto sin precedentes en la historia reciente de los vuelos papales.
El incidente se produjo en el aeropuerto de Tenerife Norte, donde el Pontífice descendió de la aeronave después de despedirse del Rey, quien había subido a bordo cuando se detectó el fallo técnico. El equipo de mantenimiento identificó un problema en el motor, probablemente causado por el viento de cola, lo que obligó a remolcar el avión y reorientarlo. El retraso superó la hora, agravado por la acumulación de demoras en los actos previos de la jornada.
Iberia confirmó que los pasajeros serían desembarcados ante la imposibilidad de solucionar el problema de forma inmediata. La aerolínea despachó un nuevo avión desde Madrid para realizar el viaje ese mismo día, aunque finalmente fue el Falcon de la Corona el que trasladó al Pontífice.
El Papa León XIV había completado una visita apostólica de siete días en España, recorriendo Madrid, Barcelona y las islas Canarias. Durante su estancia inauguró la Torre de Jesús en la Sagrada Familia y pronunció 22 discursos en cuatro provincias, dedicando su agenda al acercamiento a jóvenes, migrantes y personas privadas de libertad.
Aunque ha habido incidentes en viajes papales anteriores, nunca se había presentado un problema técnico que impidiera el despegue en una misión de estas características. Al constatar que el avión de Iberia no podría despegar en un tiempo razonable, se coordinó un nuevo plan de vuelo que permitió resolver la situación de manera eficiente.
En los momentos finales, el Papa y el Rey se dirigieron a pie hacia el Falcon en la pista del aeropuerto, donde diversas autoridades se acercaron para despedirle nuevamente. El comandante de la aeronave recibió al Pontífice, quien abordó la nave para iniciar su viaje de regreso a Roma, acompañado de su séquito más cercano. Mientras tanto, el Rey Felipe VI aguardaba la llegada de un Airbus 321 que había salido de Madrid a las 19:05 para su propio regreso.
Este acompañamiento del Rey hasta la pista simboliza el cierre de una semana de visita que comenzó cuando él mismo recibió al Pontífice en el Aeropuerto Madrid-Barajas con un discurso de bienvenida. La muestra de solidaridad institucional evidencia la coordinación entre la Corona española y la Iglesia Católica ante una contingencia inesperada, reforzando los lazos históricos entre ambas instituciones.
