La Comisión para la Doctrina de la Fe publica la nota Cor ad cor loquitur, donde advierte del riesgo de reducir la experiencia cristiana a emociones y reclama formación sólida.
La Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha publicado la nota doctrinal Cor ad cor loquitur (“El corazón habla al corazón”), en la que aborda el papel de las emociones en el acto de fe y advierte del riesgo de caer en un reduccionismo “emotivista”.
El documento, aprobado por la Comisión Permanente los días 24 y 25 de febrero en Madrid, parte del lema cardenalicio de san Juan Enrique Newman, recientemente declarado doctor de la Iglesia, para subrayar que la fe implica a toda la persona en sus dimensiones afectiva, intelectual y volitiva.
Los obispos reconocen los signos de un “renacer de la fe cristiana”, especialmente entre los jóvenes, y valoran la creatividad de nuevas iniciativas de primer anuncio. Sin embargo, alertan de que la fe no puede reducirse a la búsqueda de experiencias emocionales intensas ni a un consumo de sensaciones espirituales.
El texto advierte que una absolutización de las emociones puede derivar en manipulación, superficialidad o incluso “abuso espiritual”. Al mismo tiempo, defiende que los sentimientos forman parte esencial de la experiencia cristiana, ya que Dios sale al encuentro del hombre en la integridad de su ser.
La nota insiste en la necesidad de una formación integral, enraizada en la Escritura, la doctrina y la vida sacramental, y subraya que la fe auténtica integra dimensión personal, eclesial, ética y celebrativa. También recuerda que la liturgia no puede reducirse a un “devocionalismo” subjetivo ni a prácticas desligadas de la celebración eucarística.
En sus conclusiones, los obispos exhortan a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo el valor de las emociones dentro de una sana afectividad, para que el encuentro con Cristo sea verdaderamente transformador “de corazón a corazón”.
1. Cor ad cor loquitur fue el lema cardenalicio escogido por el recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman, inspirándose en san Francisco de Sales, quien definía la vida espiritual como un encuentro con Dios “de corazón a corazón”, un movimiento del corazón de Dios al corazón del hombre y, a la inversa, del corazón del hombre al corazón de Dios; un intercambio incesante que afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva.
El mismo Jesús, cuando le preguntan por el mandamiento principal de la Ley, dice: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Mt 22,37). La fe implica a toda la existencia humana, pues es la entrega del hombre “entero” a Dios como respuesta obediente y libre a la revelación (Rom 1,5; 16,26). Es Dios quien toma la iniciativa de salir al encuentro del hombre, adelantando su gracia para que, con el auxilio interior del Espíritu Santo, el corazón humano se oriente hacia Él y pueda entrar en comunión íntima con Él.
Junto a los aspectos fiduciales (confianza en Dios) se dan en la fe elementos cognoscitivos (adhesión a Dios, confesión de fe) y también emociones y sentimientos (gozo espiritual, amor o paz, entre otros).
2. Los Obispos de la Comisión para la Doctrina de la Fe ofrecemos estas reflexiones acerca de la integralidad de la experiencia de fe, fruto del encuentro con el auténtico rostro de Jesucristo encarnado: «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre» (Credo niceno-constantinopolitano).
3. En los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada “generación Z”. La Iglesia valora la creatividad de diversas iniciativas de primer anuncio suscitadas por el Espíritu Santo para facilitar el encuentro con Cristo o la revitalización de la fe.
4. En muchos de estos métodos tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer “impacto” y conducen a la conversión. Sin embargo, se advierte el riesgo de un reduccionismo “emotivista” de la fe, que convierte a algunas personas en consumidores de experiencias espirituales intensas.
El anuncio de Cristo no busca provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que transforma la existencia: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito…» (Jn 3,16).
5. En nuestros días la experiencia de fe se centra a menudo en el universo emocional, lo que puede interpretarse como un “signo de los tiempos”, pero también exige discernimiento. Las emociones deben integrarse sin menoscabo de la razón.
6. Valorando positivamente las nuevas iniciativas, esta Nota busca ayudar al discernimiento y acompañar la maduración de estas experiencias para que presten un mejor servicio a quienes se acercan a la Iglesia.
7-10. Se advierte en la cultura postmoderna una tendencia a absolutizar la afectividad reduciéndola a emoción (“emotivismo”). Esto puede llevar a fragmentación, inmediatez y falta de horizonte. Aplicado a la vida espiritual, la fe dependería de la intensidad emocional.
Se recuerda que la fe sin verdad no salva (cf. Lumen fidei, 24) y que la manipulación emocional puede derivar en abuso espiritual.
11-15. La fe cristiana, arraigada en la Encarnación, no puede ignorar los sentimientos. Jesús mismo experimentó compasión, tristeza, alegría. Negar las emociones sería negar la condición humana asumida por el Verbo.
16-20. El corazón es el centro de la persona. La afectividad, en armonía con razón y voluntad, permite una experiencia de fe totalizante. Sin verdad, la caridad se convierte en sentimentalismo (Caritas in veritate, 3).
Creer con el corazón es antídoto contra el neo-gnosticismo y el neo-pelagianismo.
La Nota desarrolla seis dimensiones fundamentales para discernir las nuevas iniciativas evangelizadoras:
Los obispos exhortan a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo el valor de las emociones dentro de una sana afectividad, para que el encuentro con Cristo sea verdaderamente transformador “de corazón a corazón”.
Invitan a contemplar a la Virgen María como modelo perfecto del acto de fe.
Esta nota doctrinal fue aprobada por la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe el 20 de febrero de 2026 y autorizada para su publicación por la Comisión Permanente de la CEE los días 24 y 25 de febrero de 2026.
