
La 28 edición del Congreso Católicos y Vida Pública se centran en la Hispanidad como realidad histórica, religiosa e institucional compartida en dos continentes.
La Asociación Católica de Propagandistas y la Fundación Universitaria San Pablo CEU han presentado esta mañana la 28 edición del Congreso Católicos y Vida Pública, que tendrá lugar del 13 al 15 de noviembre de 2026 en la Universidad CEU San Pablo (Julián Romea, 23. Madrid). El evento lleva el lema «España e Hispanoamérica, la fe que nos une, un viaje de ida y vuelta», que sintentiza la propuesta central de este año: examinar la conexión histórica, institucional y espiritual entre ambos continentes.
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La directora del congreso, María San Gil, y el secretario nacional de Comunicación ACdP, Pablo Velasco, han presentado conjuntamente el manifiesto que abre la convocatoria. Velasco ha explicado que el tema elegido «refleja la importancia de la fe en nuestra historia compartida y la esencialidad de la fe en nuestro presente común».
El manifiesto define la Hispanidad con radicalidad. Afirma que «la Hispanidad no es una hipótesis, ni una nostalgia: es un hecho». Describe esta realidad como «una comunidad de afectos e intereses, forjada por la historia», sostenida durante más de quinientos años por instituciones que funcionan sin equivalencia en ningún tratado internacional.
Según el texto, estas instituciones son tan tangibles que el documento las enumera con precisión: «ayuntamientos que llevan nombres gemelos en dos continentes, universidades que comparten claustro intelectual desde el siglo XVI, diócesis y parroquias que rezan en la misma lengua». El manifiesto enfatiza que «nada de esto es artificial. Nada de esto hay que inventarlo».
La presentación tiene lugar en «un momento exigente para la sociedad occidental», según afirma el documento. Sin embargo, la Hispanidad ofrece una alternativa única: «ha atravesado guerras, independencias y crisis de toda índole sin perder su cohesión», porque su cimiento es histórico e institucional, no coyuntural.
El manifiesto otorga un lugar central a Isabel la Católica como fundadora de esta civilización. Sostiene que «Isabel la Católica no puso en marcha una promesa: puso en marcha una civilización». Su testamento, según se recoge, ordenó tratar a los indígenas «como personas libres y no sujetas a servidumbre», fijando así un criterio único en la historia moderna.
El documento subraya esta singularidad: «ninguna otra potencia de la historia moderna legisló así sobre sí misma desde el origen». De ese acto fundacional brotaron dos instituciones que hoy se presentan como pilares del pensamiento occidental.
Primero, las Leyes de Indias. El manifiesto las caracteriza como «el cuerpo jurídico más extenso jamás dictado por una potencia para limitarse a sí misma». Estas leyes, nacidas del testamento de Isabel, representan un compromiso sin precedentes con la regulación del propio poder imperial.
Segundo, la Escuela de Salamanca, donde Francisco de Vitoria —personaje central del manifiesto— formuló un legado que «un siglo antes que nadie en Europa, los principios del derecho internacional». El documento insiste que «esa no es una curiosidad erudita: es nuestra genealogía, y motivo de orgullo, no de arqueología».
El manifiesto califica esta herencia de forma contundente: es «el mismo hilo que atraviesa Salamanca, las Leyes de Indias y las constituciones que después se escribieron a ambos lados del Atlántico».
El documento identifica explícitamente qué valores sostienen esta civilización. Enumera: «la dignidad de la persona humana, la herencia grecolatina que nos dio la razón y la ley, la tradición cristiana». A estos suma «el respeto al derecho como límite del poder, las libertades civiles como condición de una vida digna».
El manifiesto añade un factor económico fundamental: «un marco legal capaz de proteger la propiedad, el contrato y la iniciativa como motores de prosperidad». Según se afirma, estos valores no son importados: «son valores propios, y por eso los defendemos con naturalidad».
El texto enfatiza una verdad incómoda para algunos: «no como una imposición ajena». Esta afirmación responde implícitamente a cualquier crítica que presente la Hispanidad como un proyecto colonial impuesto, rechazando esa narrativa desde los propios principios que la fundamentan.
El manifiesto pasa de la historia al presente con un dato contundente. La Hispanidad «habla una lengua que crece en dos continentes, con más de seiscientos millones de hablantes». Este número no es menor: el documento subraya que tiene «una proyección demográfica que ningún otro gran proyecto occidental puede exhibir».
La dinámica es clara: «no se contrae: crece». Este crecimiento está sostenido por «la misma trama institucional de siempre: municipios, universidades, diócesis, parroquias, hospitales, colegios profesionales, empresas». Estas instituciones han demostrado «durante medio milenio, una capacidad de permanencia que ninguna organización supranacional ha logrado».
El contraste temporal es deliberado: una civilización de quinientos años de solidez institucional frente a organismos supranacionales que no cumplen un siglo de vigencia. Para el manifiesto, esto no es una anécdota histórica: es evidencia de viabilidad a largo plazo.
El manifiesto da un giro explícitamente religioso en su tercera parte. Afirma que la Hispanidad «no se agota en el ámbito político ni en las relaciones entre Gobiernos y naciones». Exige más bien «un cambio de actitud profundo, radical si es preciso» para su defensa y desarrollo.
Crucialmente, demanda «una dimensión cultural y moral a la altura de su historia». El documento sostiene que esta dimensión moral pasa necesariamente por reconocer que «la fe ha sido uno de los cimientos más firmes de esa civilización».
Con una propuesta que sintetiza el lema del congreso, afirma que recuperar la fe «en el centro de nuestra vida pública es parte esencial de la respuesta a la crisis que atraviesa Occidente». Para fundamentar esto, cita al papa Benedicto XVI: «Hay que vivir como si Dios existiera».
La propuesta no es nostálgica sino práctica: la fe como herramienta de respuesta a una crisis real de Occidente que, según el manifiesto, ha perdido «algunos de los anclajes que la han sostenido durante siglos».
El documento concluye su argumentación con una reorientación de perspectiva. Sostiene que «reivindicar la Hispanidad no es mirar atrás», sino actuar desde una posición de fuerza. El tono es consciente y seguro: «toca dejar de tratar como legado menor lo que es nuestra mayor ventaja competitiva y moral en el mundo que viene».
El manifiesto nombra el trinomio que sustenta su conclusión: «Isabel la Católica lo fundó. Vitoria lo pensó. Las Leyes de Indias lo escribieron». A esto suma: «quinientos años de instituciones compartidas lo han sostenido». La responsabilidad cae sobre la generación actual: «a nosotros nos corresponde, sencillamente, estar a la altura de lo que hemos heredado y hacerlo crecer».
El cierre es rotundo: «juntos somos más fuertes», definido como tanto punto de partida como conclusión del análisis.
Como novedad en esta edición, el congreso ha convocado un concurso de identidad visual entre estudiantes de universidades CEU. El objetivo, según la nota de presentación, era que «los estudiantes de las Universidades CEU ilustren el Congreso».
El ganador del concurso es Carlos Figuero de Miguel, alumno de Arte Digital en el Campus de la Creatividad de la Universidad CEU San Pablo. Figuero ha diseñado un cartel donde los peces actúan como elemento central. Según su explicación, la clave visual es que están «inspirados por el arte maya y la iconografía cristiana».
Cada grupo de peces representa un continente, simbolizando así las sociedades hispanoamericana y española. Figuero ha explicado la lógica simbólica de su propuesta: «de cada banco sale un pez; un pez que se inquieta por responder algo mucho más grande y mucho más bueno». El movimiento es de encuentro: las piezas individuales de cada comunidad «para terminar, encontrándose entre ellos».
También participaron en el concurso estudiantes de la Universidad CEU Cardenal Herrera, lo que amplía el carácter colaborativo del proyecto a nivel institucional.
Las inscripciones para el Congreso Católicos y Vida Pública ya están abiertas. Los interesados en participar en las jornadas de noviembre pueden consultar el programa completo en el sitio web oficial del evento.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
¿Crees que la conexión histórica y religiosa entre España e Hispanoamérica sigue siendo relevante para afrontar los desafíos actuales de ambos continentes?
¿Qué papel debería jugar la fe en la vida pública según tu perspectiva para mantener cohesionada una comunidad tan dispersa geográficamente?
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