Cerca de 200 sacerdotes madrileños con entre 20 y 29 años de ordenación participaron en la tercera preasamblea de CONVIVIUM, que se celebró en una capilla de Madrid sin bancos libres.
El encuentro reunió a un numeroso grupo de presbíteros que dialogaron y reflexionaron sobre los temas que se abordarán en la próxima Asamblea Presbiteral, prevista para febrero, en un ambiente de reencuentro y participación activa del clero.
El Cardenal José Cobo asistió a la preasamblea y agradeció la presencia de los sacerdotes, subrayando la importancia de sentirse parte de una comunidad presbiteral. En sus palabras afirmó: “No somos iguales, pero nos necesitamos”, destacando el valor del trabajo conjunto.
El obispo auxiliar Vicente Martín también participó y resaltó “la alegría del encuentro”, recordando que compartir el ministerio es una oportunidad para despertar el gozo de servir unidos, a pesar de las dificultades.
El párroco Roberto Rey, de Las Tablas, valoró la profundidad de las preguntas planteadas durante CONVIVIUM, considerándolas un auténtico examen de la vida interior del sacerdote. Añadió que estas cuestiones impulsan a no cerrarse ni a la Iglesia ni al mundo y mostró interés por los resultados del proceso.
Por su parte, Nicolás Álvarez de las Asturias, rector de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, definió a este grupo como una “generación bisagra” dentro del presbiterio madrileño. Destacó la necesidad de abrirse a las ilusiones y retos de todas las generaciones, así como de aprender a descansar y conservar el fervor apostólico con el que fueron ordenados.
Álvarez de las Asturias recordó también el legado de sacerdotes mayores ya fallecidos, muchos vinculados a San Dámaso, y subrayó su papel en la formación intelectual y espiritual del clero madrileño. Señaló que estos testimonios permanecen vivos a través de vídeos realizados por quienes les conocieron.
El párroco Pedro Pérez, de Santa María del Pinar, valoró positivamente la convocatoria realizada por el obispo de Madrid para escuchar al presbiterio. Consideró este momento como una oportunidad real para fortalecer la fraternidad entre sacerdotes y un tiempo de esperanza en el camino que se abre más allá del resultado final.
Entre los asistentes se percibía la experiencia ministerial acumulada tras años de responsabilidades pastorales y acompañamiento espiritual. El párroco Fulgencio Espa, de La Gavia, reconoció que la experiencia aporta mayor mesura y capacidad para afrontar tanto los logros como los fracasos, y agradeció las vivencias constructivas adquiridas durante su trayectoria.
El párroco Toño Casado, de Nuestra Señora del Pilar, destacó la diversidad existente entre los sacerdotes, pero también su unidad en torno al obispo. Expresó admiración por sus compañeros y defendió la apertura hacia otras realidades eclesiales como forma de enriquecer el trabajo pastoral.
Fray Luis Quintana, responsable parroquial en Cristo de la Paz, señaló que los fieles esperan mucho del sacerdote actual y afirmó que estos encuentros favorecen la comunión entre los miembros del clero diocesano, beneficiando al pueblo al que sirven junto al arzobispo.
