Un año después del relevo en la Complutense: Juan Carlos Guirao da su versión

Un año después del relevo en la Complutense: Juan Carlos Guirao da su versión

Cuando se cumple un año desde su relevo como capellán de las facultades de Filosofía y Filología en la Universidad Complutense de Madrid, el sacerdote Juan Carlos Guirao repasa en esta entrevista el origen de la controversia vinculada a la carta que remitió al rectorado por los actos de los “50 años de España en libertad” y expone su diagnóstico sobre la libertad académica, el pluralismo y la presión ideológica en la vida universitaria.

¿Qué recuerdo tiene de los años que estuvo en la universidad como capellán?

Tengo un recuerdo inolvidable.

Con motivo de los actos conmemorativos por los “50 años de España en libertad” le dirigió una carta al rector con una serie de sugerencias que al parecer fue la causa de su cese, ¿se arrepiente de haberla escrito?

No me arrepiento en modo alguno. ¿Por qué me iba a arrepentir?

¿Qué pretendía al escribirla?

Sólo pretendía dar voz a los que no tienen voz, o la tienen con mucha dificultad. Lo mismo que traté de hacer durante los 22 años que estuve en diferentes facultades y universidades como capellán. Lo consideraba un deber.

¿Cambiaría algo del contenido de esa carta?

No. Y reto a cualquier persona a que me diga una sola falsedad del contenido de la misma. En buena medida contenía sugerencias y propuesta de actividades en colaboración con otras personas y entidades.

¿Por qué consideraba que el tema de la conmemoración de los “50 años de España en libertad” era tan importante?

Porque el silencio con respecto a la imposición ideológica en el que estamos inmersos acabará afectando a todos y a todo.

¿En qué considera que afectan a la universidad en particular y a la sociedad en general estas imposiciones ideológicas?

Por poner algunos ejemplos: afecta a las subvenciones que sólo se otorgan a determinados proyectos de investigación académica que tienen un determinado sesgo; esto va en perjuicio de lo que debe ser un trabajo riguroso de investigación académica; también afecta a las plazas vacantes de profesores que se acaban cubriendo con criterios ideológicos, y no en función del mérito y la capacidad, etc.

Toda esta imposición ideológica –si persiste- acaba afectando a toda la sociedad, porque provoca enfermedades psiquiátricas, familias rotas, suicidios, etc.

¿Tanta importancia tienen los temas ideológicos?

Sin lugar a dudas. En el fondo en este tipo de cuestiones está en juego la propia identidad de la universidad, que no debe ser otra que la búsqueda incesante de la verdad. Y también está en juego el ser mismo de la Iglesia: cumplir su misión de anuncio profético, y de denuncia de la corrupción e imposición de un pensamiento único. En definitiva, en todo esto, está en juego el futuro mismo de la sociedad.

¿Es tan importante dar la batalla cultural?

Es crucial, decisivo.

¿Sobre qué temas?

Sobre todos los temas ideológicos, no pocos de los cuales están de palpitante actualidad: ideología de género, memoria histórica, aborto, eutanasia, identidad del matrimonio, nacionalismo, laicismo, identidad nacional y de Europa, multiculturalismo, evangelización de América, indigenismo, cambio climático, etc.

Los actos conmemorativos de los “50 años de España en libertad” están relacionados con la ley de memoria democrática, ¿cuál es su opinión sobre esa ley?

Es una ley inicua, injusta y totalitaria, que atenta contra todos los derechos fundamentales. En la medida en que se aplique acabará imposibilitando que la Iglesia pueda cumplir su misión en cualquier ámbito de la sociedad.

¿A su juicio cuáles son las causas que están provocando la polarización que hay en la sociedad actual?

A mi juicio la causa de la polarización radica en la ocultación de la verdad, lo cual provoca la hegemonía de las ideologías y, por tanto, la lucha exclusiva por el poder; un poder totalmente arbitrario, sin ninguna referencia a la verdad: de aquí surge la subsiguiente polarización.

Por otra parte, decir que no hay que polarizar es lo que más polariza. Eso y nada es lo mismo.

¿La carta que le dirigió al rector considera que es una carta ideológica?

En absoluto. Mi única preocupación era la verdad y por eso decía que NADIE podía ser excluido del debate: esto lo decía dos veces, y además las dos veces en negrita, y una de las dos veces además de en negrita, subrayado. Ideológico es una lectura muy determinada pero en sí misma, en absoluto, era una carta ideológica: sólo buscaba la investigación de la verdad. Jesús dice Yo soy la Verdad…

¿Considera usted que en la actualidad la Iglesia está dando la batalla cultural?

A mi modo de entender considero que no lo estamos haciendo con la firmeza y contundencia que requiere la gravedad de la situación actual.

¿Por qué motivo?

Benedicto XVI en una cita de su encíclica Spe Salvi habla de “miedo y egoísmo”; entre otros motivos.

Con respecto al laicismo que señalaba antes como uno de los temas actuales, ¿cuál debería ser la actitud de la Iglesia?

La visibilización. Lo que se invisibiliza no existe, y al final se acaba imponiendo un ateísmo (o laicismo) que es el peor de los dramas porque es la causa última de todos los males que padecemos, incluida la polarización.

¿En la actualidad dónde está destinado?

En una parroquia del centro de Madrid.

¿Hay algo que singularice esa parroquia?

Entre otras muchas “cosas” que los cinco sacerdotes de la parroquia dieron el testimonio supremo de fe en la década de los 30 en España. El párroco, cuyo proceso de beatificación en su fase diocesana está muy avanzado, se llamaba Federico Santamaría Peña.

Esos testimonios de vida, ¿aportan algo a la Iglesia del siglo XXI y a la sociedad actual?

Aportan identidad, principios, en definitiva son testigos de la primacía de la fe. Son los modelos que nos propone la Iglesia para sacarnos de nuestra tibieza. Aportan futuro y esperanza.

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