Montse había recibido indicaciones de protocolo para no abrazar al Santo Padre. Sin embargo, tras compartir su testimonio, acabó recibiendo dos abrazos del Papa.
La visita de León XIV al centro penitenciario Brians 1 dejó imágenes de enorme carga humana, pero pocas tan emotivas como la protagonizada por Montse, una de las reclusas que compartió su testimonio ante el Santo Padre.
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La mujer fue una de las internas seleccionadas para intervenir durante el encuentro que el Papa mantuvo con cerca de setenta personas privadas de libertad procedentes de Brians 1, Brians 2 y Wad-Ras, en uno de los actos de mayor contenido social de toda la visita apostólica a Cataluña.
Ante León XIV, Montse relató algunos de los momentos más difíciles de su vida. Explicó cómo la muerte de su hijo la llevó a enfrentarse a Dios y cómo durante años convivió con el dolor, la incomprensión y el rencor.
“No entendía por qué Dios tenía que llevárselo. He peleado mucho con Él y me ha costado la vida entender que Dios no es el culpable”, confesó durante su intervención.
La interna explicó también que fue precisamente en prisión donde recuperó la fe.
“Volví a creer aquí dentro y agradezco el don de la fe. A partir de la fe y de creer soy mejor persona, descubro cosas que no sabía que tenía en mí”, afirmó ante el Papa.
Lo que muchos desconocían es que antes del encuentro había recibido indicaciones de protocolo para no acercarse físicamente al Santo Padre.
Sin embargo, después de compartir su testimonio, ocurrió algo que nadie esperaba.
Cuando terminó su intervención, Montse se dirigió a León XIV y le preguntó directamente:
«Santo Padre, ¿puedo darle un abrazo?».
El Papa aceptó inmediatamente y ambos se fundieron en un abrazo que emocionó a muchos de los presentes.
Pero la historia no terminó ahí.
Cuando el encuentro estaba llegando a su fin y el Pontífice se disponía a abandonar el auditorio de Brians 1, León XIV volvió a fijarse en ella.
Fue entonces cuando la llamó de nuevo para acercarse y darle un segundo abrazo, un gesto completamente espontáneo que sorprendió incluso a quienes participaban en la organización del acto.
La escena resumió perfectamente el tono de una visita marcada por la cercanía y el mensaje de esperanza que el Papa quiso llevar a las personas privadas de libertad.
Durante su intervención en la prisión, León XIV recordó que “los errores de la vida no determinan la identidad de una persona” y lanzó una de las frases más recordadas de toda la jornada: “Dios te ama como eres, pero te sueña mejor”.
La visita a Brians 1 fue uno de los momentos más significativos de la etapa catalana del viaje apostólico. Allí, el Papa escuchó testimonios de internos, saludó a voluntarios y capellanes de la pastoral penitenciaria y quiso transmitir un mensaje de reconciliación, dignidad y esperanza a quienes viven privados de libertad.
Para Montse, sin embargo, la jornada quedará ligada para siempre a un gesto mucho más sencillo: dos abrazos que no estaban previstos y que llegaron cuando más los necesitaba.
