La Asamblea Nacional francesa ha dado un paso decisivo hacia la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido, aprobando un controvertido proyecto de ley que permitirá a los pacientes solicitar ayuda para morir.
El miércoles 25 de febrero, la cámara baja del Parlamento francés ratificó en segunda lectura la iniciativa conocida como “derecho a la ayuda para morir”, que autoriza la administración de fármacos letales a personas que decidan poner fin a su vida. La votación concluyó con 299 apoyos frente a 226 rechazos, aumentando en 27 el número de votos en contra respecto a la primera aprobación en mayo de 2025.
Este texto legislativo ahora será remitido al Senado, que ya había expresado su oposición en enero tras la primera aprobación en la Asamblea Nacional, lo que anticipa un nuevo debate intenso en la cámara alta.
En paralelo, los diputados respaldaron por unanimidad otro proyecto destinado a ampliar el acceso a los cuidados paliativos, una medida que busca mejorar la atención a los enfermos en fases terminales.
La Iglesia Católica y numerosos fieles en Francia han mostrado una firme resistencia ante esta propuesta. La Conferencia Episcopal emitió un comunicado en el que sostiene que “los cuidados paliativos son la única respuesta adecuada a las situaciones difíciles del final de la vida” y alertó sobre el impacto que tendría la legalización de la eutanasia, advirtiendo que “cambiaría profundamente la naturaleza de nuestro pacto social”.
Los obispos han insistido en la necesidad de “proteger la vida hasta el final” y han recordado que “la vida no se cuida dando la muerte”. En este contexto, Mons. Marc Aillet, obispo de Bayona, calificó la ley como de “extrema gravedad” y advirtió sobre las “terribles consecuencias” que su aprobación podría acarrear.
El pasado 20 de febrero, convocados por los obispos franceses, miles de fieles participaron en una jornada nacional de oración y ayuno para manifestar su rechazo a la iniciativa.
Por su parte, Ludovine de la Rochère, presidenta de la organización Unión de las Familias y del movimiento provida La Manif pour Tous, denunció el “extremismo ideológico” que, según ella, impulsa esta ley. Tras la votación, subrayó la importancia de continuar explicando “el contenido de un texto tan escandaloso y peligroso”.
De la Rochère afirmó que esta propuesta “divide profundamente a la sociedad en un tema que debería unirnos” y defendió que “vivir con dignidad” es el objetivo común que debe guiar a los franceses. En su opinión, la respuesta al sufrimiento debe centrarse en el desarrollo de cuidados paliativos y en fortalecer el sentido de comunidad, porque “nunca se mata por amor. El amor no mata”.
