Unas 10 000 personas participaron en París en la Marcha por la Vida, que este año se desarrolló en medio del debate parlamentario sobre la posible legalización de la eutanasia y el suicidio asistido en Francia.
La movilización, celebrada en la plaza Vauban, congregó a jóvenes, familias, niños, figuras públicas, representantes políticos y líderes provida, entre ellos mons. Dominique Rey, obispo emérito de Fréjus-Toulon. A pesar del frío, el ambiente se mantuvo festivo y alegre.
Durante la jornada, se difundió el manifiesto oficial del movimiento, que advierte sobre el riesgo de que las personas mayores, discapacitadas y enfermas se conviertan en “objetivos de una cultura de la muerte”, similar a la situación de los niños por nacer. El texto critica el argumento de que la legalización de la eutanasia defiende la dignidad humana y subraya que esta no depende de la salud, la edad o la percepción social, sino que es intrínseca a la condición humana y debe protegerse sin condiciones.
Los organizadores expresaron preocupación por la presión moral y económica que podría afectar a los más vulnerables si se aprueba la ley. Denunciaron que en algunos países existe “el chantaje de ofrecer la eutanasia como alternativa ‘gratuita’ frente a cuidados demasiado costosos”. Además, rechazaron la idea de que la eutanasia y los cuidados paliativos puedan avanzar de forma complementaria, advirtiendo que la legalización de la “muerte administrada” podría debilitar la inversión en cuidados paliativos, especialmente por motivos económicos.
El manifiesto concluye con un llamamiento a defender toda vida humana: “No podemos resignarnos a vivir en una sociedad donde los médicos se conviertan en una amenaza para sus pacientes”, citando a Santa Teresa de Calcuta.
La Marcha se desarrolló en un contexto político tenso, ya que desde el 12 de enero el Senado examina el proyecto de ley aprobado por la Asamblea Nacional el 27 de mayo, que permitiría la llamada “ayuda a morir”. El presidente Emmanuel Macron ha convertido esta iniciativa en una prioridad política.
Los organizadores destacaron que la verdadera dignidad humana “se encuentra en el acompañamiento de los más vulnerables, y no en la oferta social y médica de la eutanasia o del aborto”. También alertaron sobre la crisis demográfica que atraviesa Francia, citando datos del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE), que indican una caída de la natalidad en 2024, con 663.000 nacimientos frente a 677.803 en 2023, y un aumento de los abortos de 243.623 a 251.270 en el mismo periodo, lo que reflejaría una “profunda herida social”.
Durante los discursos, se reclamaron medidas concretas como la implementación de un plan nacional de cuidados paliativos y la garantía plena de la objeción de conciencia para todo el personal sanitario. Algunos participantes señalaron que la movilización busca influir en la votación parlamentaria próxima, mientras que otros la consideran una batalla cultural a largo plazo.
El Senado tiene previsto votar el proyecto de ley el 28 de enero, y la Asamblea Nacional lo revisará nuevamente en febrero. La Marcha por la Vida volvió a situar en el centro del debate público francés la cuestión sobre el significado de la dignidad humana y la forma en que la sociedad decide protegerla.
